Gabby De Cicco / Queerland

Queerland

 

III

 

El agua, oxigenada

desdibuja en el espejo

la paja

ya reseca de este rubio blanco

tipo

Marilyn.

No basta con teñirse. No basta con chuparla.

No basta con comerla. No basta con ser

este despojo, todas las mañanas.

 

 

 

 

 

 

 

VII

 

Lo raro de traducir el deseo

a otra lengua, es la propia lengua

que no alcanza para adjetivar o nombrar

el espasmo último de verte, desnuda, en danés,

a los pies de mi cama parisina.

 

 

 

 

 

 

 

IX

 

Drama queen. Tu boca

anestesiada declama

el zigzagueante pandemonio

de la belleza.

Pan y demonio. Suelta, vuelta.

Aire apenas, sufí en la cama.

 

 

 

 

 

 

 

XI

 

Dharma song. Plástico.

sofocando la cabeza desnuda

que el amante acaricia y besa.

 

Escribe con sangre

sobre el pastel de arroz

y quemas los deseos

que nadie debe conocer.

 

 

 

 

 

 

 

Caminos inundados (1998)

 

Socavada la tierra, crea

un nuevo cauce: el hacinamiento

de vacas hambrientas, esperando

la hora de las reses.

 

Mientras tanto ahí están

al borde del camino.

 

Mojón

para el viajero desatento

que percibe un brusco cambio

en el aire que respira.

Tripa revuelta ante lo ajeno

percibido con violencia:

 

esta desgracia, que nos pertenece.

 

 

 

 

 

 

 

Soy la distancia justa

que existe entre la sombra

de mi padre y nuestra historia.

 

La frontera cruzada por gusto

propio cuando no a desgano,

perseguida por ideas

ajenas a mi estado. Piedad

 

o monotonía familiar que angosta

la forma de parecer a ser

la primera en la vida. Sabiduría

 

lejana que en versos tristes

confunden al padre

con la hija.

 

Travestis desdoblados,

va la una sin el

otro en un juego que amalgama

la sinuosidad de un gesto,

o la altiva presencia

del que manda; no ya padre,

ni hija. Rey apenas

constituyendo orden provisorio

en historia ajena.

 

 

 

 

 

 

 

Estado de terror

tras las frazadas. No hay

mantas que alcancen. Ni

un hilo de luz puede filtrarse.

Sólo la chispa del encendedor

y esa brasa que rompe con

las órdenes.

 

Pasan muy bajo los aviones

y la luna, solamente ella,

los ilumina.

 

Somos dos en ese balcón

de barrio de putas. Somos

con el mismo apellido

la misma duda ante el futuro.

 

Mi padre aspira largo

el cigarrillo. Cada vez su aire

atrae más aviones

militares.

 

-Vuelan muy bajo, papi- dije;

y la noche parecía arrasarnos

con su luna y aquel simulacro.

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