Germán Arens / ¡Oh, qué lugar más bello!

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Olvidada  la información genética de la primera célula

damos vueltas, vueltas y vueltas; sin recordar que no

hay en las palabras un nombre que nos distinga.

 

 

 

 

 

 

 

 

Ayer, después de muchos años volví al pueblo.

Las casas conocidas están deterioradas.

En la ruta, como todo lo que queda expuesto,

había notado el abandono de las estaciones

de servicio de Gaviotas y Algarrobo.

Así pasé el día buscándome en lugares que no existen,

o quizás existan como la historia,

debajo de los lugares que ocupa el presente.

Entrada la tarde pasé por el puente viejo

y me reconocí en un chico que pescaba en el lugar

donde van a parar los apósitos del hospital.

 

 

 

 

 

 

 

Con los ojos hacia las baldosas

imagino fotos de baja resolución.

Un serie teñida de verde en donde

los humanos aparecen acompañados

de una planta venenosa que crece

y se multiplica en sus mentes,.

 

 

 

 

 

 

En Facebook

una chica que no conozco

dice que en el mar hace frío.

También que el mes de enero debería durar seis meses.

 

Carina, me cuenta que murió el hijo del rector,

que estaba por ir a velarlo y una tormenta

fue la excusa perfecta para no salir.

 

Arturo, notifica la detención de una dirigente social.

Agrega que no debe ser ninguna santa,

pero que los ciudadanos, ante la situación actual,

deberíamos  saber dividir los tantos

y no permitir que un árbol nos tape el bosque.

 

Un amigo no puede  dormir…

Su novia no lo tiene en la cabeza.

 

Un poeta me ofrece su libro:

“Cada tribu tiene sus propios rituales para enfrentar el misterio…

La nuestra, la de los poetas solitarios, no es una excepción.

 

Cuando los poemas se guardan en un libro se vuelven definitivos,

nuestro  rito  es compartirlos.

No hacerlo puede provocar la furia de las musas y

condenarnos al eterno silencio”.

 

 

 

 

 

 

 

Esperen a que nos lavemos las manos

y volvamos a encarnar…

Eso sí, por favor, hagan silencio

que las corvinas escuchan.

Sino que se meta uno de ustedes en el agua.

Ahí se van a dar cuenta

de la importancia que tienen las palabras,

y por pocos, muy pocos segundos,

podrán detectar los corazones

de los peces enterrados  en la arena.

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