La única cosa que es probable que rompas es todo / Cristian Briceño

BLUES DEL ATARDECER

Mis mejores y más fuertes amigos sacaron el agua
A paladas del pozo, y por él me arrojaron.
¿Dónde voy a vivir ahora?, les pregunté.
En la caída, ni más ni menos, jovencito.

Como en un cuento de Andersen, el tiempo
Era frío; las peludas ovejas saltaban cercos
Imaginarios para ablandar su carne. Mi abrigo quedó
Colgado de un clavo, detrás de la puerta,
Brillando con el peso de mi grasa.

El taxidermista, de entre todos
Los animales, busca al más deteriorado,
Al fondo de su gabinete, y
Cuando lo encuentra lo mira
Y lo remira, buscando
Aquello imposible de reparar.

 

EL RESTO ES LA LOCURA DEL ARTE

Lo siento por el que baila: yo me quedo sentado.
Si hay una fiesta en algún lugar,
Decido bajar las persianas, y
Me pongo a corregir
El poema que te prometí mañana.
Nada más despreciable que una promesa
Incumplida, nada más original
Que la muerte afilando su guadaña.
Los plazos hacen sonar las viejas campanas,
Y, pronto, el más ligero viento te arrancará las uñas, y
Ni siquiera te dolerá.
Sientes que debiste haber puesto
Ese alfil para proteger a tu reina,
Y querrás haber enterrado
A tus caballos en tierra consagrada, no ahí,
Junto al tablero, donde sospechas que irá a parar
Tu cabeza algún día. Y me dispongo
A escribir: ya es tarde, nos hemos
Incrustado en la noche, algo nos hizo
Girar como tornillos con sentido de la estética y
Nuestras grandes cabezas nos hicieron más difícil la tarea
De mantenerlas bien calientes. No es la gran cosa
Poner una palabra ahí, donde hacía falta. No puedes
Decir que naciste con la edad equivocada o con
La vocación de otro, a quien suplantaste, sin éxito.
Finges sobreponerte a cada fin del mundo,
Y el fin del mundo fue aparecer
En el poema.

 

LA LECCIÓN DEL MAESTRO

Por último, intenté escribir sobre un par de botas
Debajo de una escalera, nos dijo el maestro.
No eran mías, ni de mi esposa, ni tampoco de mi amante.
Sólo eran un par de botas debajo de una escalera.
¿Por qué se me hacía difícil, precisamente a mí, escribir
Sobre un par de botas debajo de una escalera?
¿Debía explicar, en primer lugar,
Que estaban debajo de una escalera?
¿Y qué pasaría si moviera la escalera, sólo un poco,
A la derecha?, me pregunté.
Y eso fue lo que hice. Y entonces
Sólo quedó el par de botas,
Ahora más sencillas y con menos sombra.
Pero, seguía pareciéndome difícil
Escribir sobre ese par de botas, y
Creí volverme loco.
Le daba vueltas y más vueltas al tema
Como un lobo escuálido que acecha el agujero del rey de los conejos, y
Creí volverme loco, y
Así me la pasé la noche entera.
¿Qué hace ahí ese par de botas?, le pregunté,
Muy irritado, a mi mujer, al día siguiente.
Ya muévelas, ¿quieres?, le dije, lloriqueando.
Sácalas de ahí, por lo que más quieras.

 

 

LA PIEDRA SACRIFICIAL

 

Tu argumento, Francesco,
Comenzó a enranciarse al no existir esperanza
De una o varias respuestas
JOHN ASHBERY, «Self-portrait in a convex mirror»

 

He visto la piedra donde dejaron tu cuerpo.
No se parece a ninguna otra, ni tiene una forma
Que podría seguir con mis manos para después revelarte
Su sentido. Pero observo que se parece a tu propio cuerpo,
Y no sé cuál de los dos está copiando la imagen del otro.
Es oscura, y la sangre se ha vuelto oscura, también:
Ver la piedra de cerca es como bucear en el río Estigia. Una nube de moscas
Forma una estructura superior, vacilante, sin la cual
Resultaría muy difícil imaginarla.
No entiendo la lógica de la piedra.
¿Qué le costaba negarse a recibirte y dejar
Que tu cuerpo fecunde la buena tierra que la rodea por todos lados?
¿Acaso se ofreció ella misma, desafiando
Su mudez inmemorial?
No hay nada probable desde el lugar en donde estoy;
Para saber, tendría que ser la misma piedra, analizándome
Desde mi punto de vista, aunque, tal vez para entonces,
No habría motivo para cuestionarse,
Sólo sería la piedra donde un cuerpo descansa,
Sólo piedra, tragándose a sí misma
Sin oír su saciedad, hasta lograr una forma que limite con la nada,
Como esta oscuridad al fondo de mi mente, de donde surges ahora.

 

GOLPE DE SUERTE

¿Soy un golpe de suerte?
Es lo que pienso mientras me pongo
A buscar avellanas escondidas en el jardín vecino.
Nadie tendría el valor de decir que conmigo.

Empezó la enfermedad de alguien cercano,
Ni que fui yo la razón de la sequía o la inundación.
Quisiera ser la causa, y no la consecuencia.
Cuán cansado estoy de estar sentado sin que las rodillas
De todo aquello que me rodea empiecen a temblar.

Quisiera, por el contrario, ser los cabellos desprendidos
De tu cabeza de arcángel, y celebrar por el niño
Que ese joven matrimonio jamás podrá tener.
Ser algo. Al menos la puerta que se abre al fondo
Del pasillo y por la que entran
Mensajeros impacientes, luchando entre sí
Por dar noticias fatales del reino. De eso se trata, de tener algo.
Un estilo de vivir, y nada más

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