Autoría / Julieta Valero

 In the mood for love

En algún lugar alguien está viajando furiosamente hacia ti
John Ashbery

 

Iba a decirte No vengas
que conozco la trampa del paraíso: limbo, piedra y abandono.

Pero es tan incómodo estar vivo.

Este festín, defectuoso porque cursa, defectuoso porque termina.

Todo tiene el mismo cuerpo que la vida.
Todo está mal.

De modo que tú, ciego cometa que trabaja, compra
y algunas mañanas de festivo alcanza verdades… Ven.

Cuando la revuelta del encuentro amaine
y ames mi cuerpo y la forma de mis dientes
y el error de estas manos exactamente distintas a las que imaginabas

te conmueva como una revelación
te daré tres mentiras contra el frío

no debes tener miedo
no estás solo ni hay sentencia
desde hoy la catástrofe consiste en no salir a la vez.

 

Domingo. Resaca. El libre albedrío.

 Asumirse como océano donde pueden acontecer grandes olas

y bancos de peces en realidad muy solitarios.

El verde más sobrenatural lo perderá todo porque en definitiva el Sol es quien manda.

El ejercicio de la libertad no existe pero habrá que disimular

—un hallazgo que a menudo sucede en la compra, en el baño—.

Lo posible es entonces manejar el volumen o tiempo que convienen la exposición, el esponjado, la séptima dermis.

La resaca, por ejemplo, desviste la conciencia

y acontecen cosas así:

Desde mi ventana el vuelo del primer polen permite anticipar abril

y germino en la falda o infelicidad de esa mujer que carga niña, periódico, domingo.

Luego subo al tren que toda calle propone hacia el pasado

y concluyo que la desgracia fue siempre el descrédito del amor

tras lo cual queda el paso a la ternura, el resfriado, la finitud con su ausencia de liguero

Si no se aguanta la intensidad tres recados aseguran la poda de una vida.

Mucho más estimulante que el cuero, la cópula visible o anidar en la secretaria es saberse mortal y pretender compañía

Por mi parte prefiero negociar con la luz y recomiendo la elegancia como férula y techo.

Pero hay mil maneras de ponerle la letra a este crimen.

En algunas latitudes se limitan a bailar.

 

Ítems para un tsunami

En el colmado de abajo aceptaron a mi planta trepadora a cambio de un kilo de arroz.

Mirando bullir el arroz engañé a la prisa y se quedó dormida junto a los trozos de hielo.

Ahora la palabra frío conserva su manantial y su Estalingrado pero designa también tus pies pequeños que me buscan cada noche.

Cada noche tú imitas a Boris Karloff y tomamos al monstruo por el niño. El cabo de la risa en nuestra almohada es el espejo donde la rutina se ve las arrugas y llora.

Algunas madrugadas hablamos de tener hijos sin la comadreja de las tropas que invaden. No es Navidad pero sé que nos preocupan verdaderamente los niños palestinos. Ningún reportaje escinde el material de sus casas del inventario de nuestro miedo.

Hay una cuenta que no me sale y eso me recuerda como hoja y aquel viento. Me refiero al tiempo que me queda atravesado por la pértiga de la felicidad. Tengo dudas con la densidad del aire aunque en los depósitos de lo que importa tu sonrisa es un número primo. De aquí a la eternidad. No sé más pero matemáticos bondadosos con grasa en el pelo se han sentado en su pupitre, descalzos y tristes, a balancear estos enigmas.

De lo escondido ya sólo me interesa cómo se las arreglará la esponja del amor para crecer más allá de la barrera de coral.

Sospecho que la belleza debe ser algo que se desparrama con tino. No vale la sustitución de materiales. Ese truco era un conejito blanco que huyó hacia los helechos de la adolescencia.

Desde que sé que envejezco con la certeza que se sabe una fresa en la boca me gustaría que cada vez que me cansa mi madre me creciera una demanda de amor con el perímetro de los días que sus manos han sido benéficas. Una caricia detrás de otra para que su círculo me extrajera esta imbecilidad lineal, la muela de la ingratitud sonando en la bandeja de lo inapelable.

Debes estar al llegar. Cuando eso ocurre Marguerite Yourcenar tiene un pensamiento obsceno y planea su regreso.

El regreso es el único movimiento posible y sin embargo choca siempre con la rótula de los emprendedores. De esto deduzco que los recién nacidos ya se están rehabilitando, que las estadísticas quedan pasteurizadas en las incubadoras.

Donde quiera que esté Praxíteles te mira satisfecho. Por mi parte, he roto con el miedo: lo hubiera perdido todo de no dar contigo. La mesa está puesta. Aunque sabes de mis limitaciones con las salsas y la Cábala, también tu ambición es sabia: una bolsa blanca que se mueve con el viento.

 

(Del libro Autoría. DVD Ediciones. Barcelona, 2010)

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