13 poemas / Tito Manfred

 

  1. El libro inicia con la imagen
    de una gota de sudor sobre una pierna.
    Luego, el ojo del poema toma distancia:
    ahora es un hombre tendido sobre una cama
    y la escena es más o menos así:
    el individuo duerme en pelotas,
    se rasca el culo, suda como un cerdo
    insertado desde los manglares.
    Suponemos es verano.
    Calzoncillos como lámparas chinas,
    sábanas mugrosas, calcetines huachos,
    rollos de papel confort,
    una bacinica con orines, colillas
    de cigarro en vasos con huellas
    dactilares, huesos de pollo
    en un plato, latas de cerveza, muebles
    cubiertos por densas capas de polvo,
    el ruido blanco de un televisor,
    una máscara de pájaro sobre el escritorio
    y un extraño con libreta de apuntes
    acuclillado entre las sombras.
    Despreocupémonos de él
    hasta nuevo aviso y centremos
    nuestra atención en una mosca
    que sobrevuela el lugar
    con la arbitrariedad de un signo
    puesto allí para significar lo siguiente:
    no hay ciudad más allá de estas paredes.
    De fondo, un tocadiscos reproduce
    nada semejante a la música jazz.
    Sin embargo, no hay ruido,
    nada hiede, y lo que creemos ver,
    en realidad, no está allí.
    El personaje en cuestión
    no existe, es una ficción: me lo inventé.
    Antes de que apareciera,
    esta página estaba impoluta
    y había que llenarla
    con lo que hubiera a mano:
    ripio, escombros, memorabilia,
    basura simbólica. No obstante,
    para continuar es necesario
    que creamos en su existencia
    como en un dios carnaza
    o el mismísimo Ganesh.
    Rezamos uno, dos, tres
    padre nuestro, por la vida
    de aquel hombre hecho de nada.
    Le asignamos un nombre: Judex
    —esto, de por sí, es arbitrario—,
    y nos hacemos a la idea
    de que su transpiración de cerdo,
    tarde o temprano, olerá mal.

 

 

  1. Una muchacha se introduce en el poema,
    o probablemente sería más preciso enunciar:
    una muchacha es introducida en el poema
    por fuerzas desconocidas.
    Ignoramos su nombre, rut y domicilio,
    y si creció en un hogar cristiano
    donde le infundieran un miedo
    razonable a Las Palabras.
    Sin embargo, para nadie es un enigma
    su paradero: estos eriazos que aquí ves.
    Y en efecto, allí la vemos:
    con ataque de histeria, presa de un terror
    innominado, como intuyendo
    un destino de muerte;
    y mientras antes sepa que está
    en lo cierto, que de aquí nadie sale
    sin oler a gladiolos, mejor para todos.
    Una muchacha se introduce en el poema
    como se introduce en la noche:
    para no volver.

 

 

  1. Figurémonos a una mujer:
    22 años, estudiante de nutrición
    o letras, sexualmente activa, bonita,
    nada del otro mundo, hueona
    pero feliz. Luego, a un hombre
    loco de amor por esa mujer
    [aquí no necesitamos descripción.
    No, eso no es aureola
    sino abundante caspa].
    Ahora, figurémonos que la joven
    [la llamaremos Xaviera]
    sabe que Judex [nombre de fantasía]
    muere por ella, o más bien
    ha desarrollado una malformación
    de la mera calentura.
    No hay necesidad de declaraciones en Youtube,
    serenatas con narcomariachis
    o whatsappeos a la manera del Werther:
    cada vez que la mira, sus ojos miopes
    son dos bocas desafinando canciones
    de Leonardo Favio, ponte tú.
    Xaviera no es particularmente cruel,
    sólo una chica linda en conocimiento
    de que un pobre infeliz daría su vida por ella.
    Quizás le dé una oportunidad y vayan
    un día al Normandie o a los juegos Diana.
    ¿Habrá besos? En una de ésas.
    ¿Sexo? Quiénes somos nosotros para descartarlo.
    ¿¡Y el cepillo de dientes, dejará alguna vez
    el cepillo de dientes en lo de Judex!?
    Ya te pusiste hueón. Toma nota: este compadre
    lo va a pasar como el hoyo.
    Pero ella lo pasará peor
    [entiéndase esto como una invitación
    a imaginar, por ejemplo, a un hombre
    a las afueras de la ciudad aplicándose
    al serrucho con un cuerpo que no opone
    resistencia. El amor, oh là là].

 

 

 

Anuncios