Romina Freschi / Todas cuerdas

Cuerda de Poesía

Lo que hace a la teoría de cuerdas algo tan difícil de evaluar desapasionadamente es que se apoya y elige sus direcciones de desarrollo casi por entero a partir de juicios estéticos guiados por desiderata matemáticos.
Roger Penrose, El camino a la realidad

nada había ya de lo que hubo
había una bahía
Roberto Echavarren, Ombligo, El expreso entre el sueño y la vigilia

Muñón de las constelaciones,
te desnudás para los destellos,
y yo no sé qué esencia,
qué elemento ser.
Emiliano Bustos, Cheetah

 

 

En lo borroso se define la especie, cuerpo tras cuerpo, danzan las cadenas de genes, torrente acuoso, proteico, mineral. El mundo es fruto de la refracción de las rocas, carbonos combinados, apenas una diferencia de condimento.

Lo que fluye indetenible, se precipita y solo es posible verlo mientras transcurre. Aislado o detenido, quizás muera con dolor, o resuene hueco como una campanilla de cotillón. El habla invierte la imagen, proyecta una fotografía tras fotografía, nace el cine, como un fluir de las imágenes, chorrean en su conjunto, torrente inaprensible, inapresable.

A veces la materia responde a una elección. Real. Creada o impuesta. Es una tensión en un conjunto, el armado de un tambor, la presión exacta y aún artesanal que produce un sonido electivo, determinado, sólido y vital como un pulso, una corriente eléctrica.

Sin que pueda convertirse en presa, lo que evade la noción, la presión, toda coerción, y encuentra, la pura elección, responsabilidad, aún el vilo de la indecisión, pero resiste inapresable, estar, ser ahí y habernos encontrado, sin haberlo planeado o sí, pero sin haberlo obligado, vertirse e invertirse, desatar el torrente, quitarle toda arma para que encuentre su fuerza y se detenga por sí.

Al mismo tiempo la confirmación de la interminable soledad y la ineludible comunidad. El otro nos rodea, nos acuna, nos es, aún más allá de nuestra conciencia y aún con nuestra conciencia. Cuando poesía enciende, enciende esa conciencia, podemos replegarnos, reflexionar y ver en nosotros y afuera ese flujo, afluente, sin límite alguno y pluridimensional, el interior de una nuez, una placenta, espacio-previo-póstumo-continuo, convive con el puro dolor de saber la simultaneidad de la diferencia, entre otras simultaneidades, con la misma certeza y coincidencia en que las dimensiones se presentan y aún las dimensiones potenciales se despliegan en el concreto nebuloso del estado-espacio-tiempo-lámina-ladera de poesía, flujo entretejido con las experiencias.

La belleza es solo una de muchas caras. La belleza, la certeza, el egoísmo, la locura, el fondo, la apariencia, la hipocresía, la maldad, la justicia, el devenir, el llanto, la ironía, la infancia, las canciones, los espejos, el alba, cierta vez, un color. Todo eso coincide con el bienestar. Incluso en lo que alguna vez fue horroroso ¿Acaso ésa es la belleza? ¿Hay identidad entre belleza, vida y poesía? El bienestar y su continuidad, y entonces el trabajo, y el descanso, la libertad interior, dentro del mundo, en nuestro universo, hasta donde lo imaginamos y lo construimos más lo que nos sorprende.

¡La estética no debería impulsar intuiciones científicas? Pero ¿Qué es la estética sino la intuición? No hay facilidad en la intuición, como no hay facilidad en la estética. Las decisiones más rápidas y más carentes de responsabilidad no se toman por estética sino por coerción: social, histórica, política, psicológica. Tomar una decisión estética es lo más difícil de hacer puesto que involucra el reconocimiento del propio y puro gusto, de la propia y pura idea de bien, y además el balance de los materiales concretos y sus refracciones en el mundo humano.

Aquello fluido inapresable, que se recorta y resiste más allá de toda coerción o disciplinamiento, y que quizás por eso mismo pudiera arrastrarnos a la muerte, eso es dominio de la estética. El estudio de una forma no puede ser jamás un estudio meramente morfológico. La estética como impulso puro de una intuición verdadera no afecta la probabilidad o improbabilidad de un enunciado o un imaginario.
Por el contrario, los presupuestos sí.

 

rompa la presa a los estancados raudales de la liberalidad divina, que detiene y represa nuestra ingratitud
Sor Juana Inés de la Cruz, Carta Atenagórica

 

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