Diego Alfaro Palma / Litoral Central

ESPECIERO
Las plantas medicinales en las que confiamos serán reemplazadas
ni melisa manzanilla o cedrón
quedan fuera para cuando el agua hierva y el cuerpo se estabilice
Dentro queremos plantar las semillas que nos prohibieron
de alguna forma dejar que un valle dé sus primeras flores este invierno
aprovechar las texturas de tu blusa cuando se desabotona
aunque te diga que no dejo los lugares como libros sobre el velador
Me senté a ver las montañas hasta aprender el sonido de los pájaros
El tiempo es el único mapa en el cual no podemos poner pie atrás
A baja luz pienso en las cosas que me fuiste nombrando
o en las manchas de pintura que crean animales en la pared
Como dijiste es mejor que no nos preguntemos tanto
Para dormir tenemos todo el cansancio que nos suma la ansiedad
así que deja que recoja estos platos por ti
esto no es una bolsa de hierbas que se hunda hasta calmarnos.

 

 

EL REGRESO

No sé si la adolescencia fue esa película rusa
Los hermanos no esperan la vuelta del padre
La vi hace más de diez años contigo
y terminó por huir en el instante más nuestro
Fue un viernes en el videoclub
esas vacaciones el mejor entrenamiento
recorrían kilómetros con él hasta Siberia
Lo miraban como sospechando de un paisaje nuevo
Le preguntaban lo que tanto le costó contarnos
que los padres se van porque se tienen que ir por el mar
Después la pantalla oscura y los créditos
No todo lo que pasaba tenía que ver con nosotros.

 

 

CORVINA

En Devon estaba la muerte
nadie cayó en la cuenta
para ese entonces era un relincho en la aspereza de la tarde
un abrir y cerrar de libros
en los que signados estaban
el recorrido del calcio en la sangre
Acá más cerca era un abrir y cerrar de pestillos
un amor de cincuenta años diluyéndose
como pastillas bajando por la garganta corroída
donde ya ningún río subterráneo
encontraría en la napa su abertura
Estoy seguro de que él buscó todas las soluciones
y que podía beber en el cansancio de los ojos
la sal de las desembocaduras
playas desiertas donde pescar

 

 

LOS SUEÑOS
DE LOS SUEÑOS
DE KUROSAWA
(fragmentos)

 

Cuando los perros sueñan con los sueños de
Kurosawa ven, en un rincón del campo, volver el viejo
escuadrón al valle donde se criaron e hicieron sus primeros
amigos; los ven desde una cabaña en la calma del acantilado
y, como en un espejismo, la niebla se los lleva de vuelta
al reino de quienes se asoman y no regresan.

 

 

Cuando los sueños sueñan a los perros de Kurosawa
los ven mansos descansar bajo el alero de la casa, es de
noche y las luciérnagas pasean entre sus orejas; también
los escarabajos se montan en la cola para mirar desde
arriba los caminos que dejaron, las casas a las que no
volverán.

 

 

Cuando el agua sueña con los sueños de Kurosawa
se mantiene calma, unida a sí misma, sin deseo de ser
nube o cascada, quieta como los espíritus del bosque,
guardándose en madrigueras o en cabañas donde la luz
se fue hace mucho.

 

 

Cuando el agua sueña con los sueños de Kurosawa
se esparce por la tierra y se diluye por las sendas que una
vez trazó. Se ve a sí misma como si saltara de un cuadro
a otro, sigue un camino que solo ella conoce, entre
pastores, vergeles y arboledas.

 

 

Cuando charles wright sueña con los sueños de
Kurosawa siente el calor de los domingos en Tennessee,
las calles despobladas a la hora del almuerzo, un ambiente
familiar que envuelve los jardines perfectamente podados
y la infancia tan lejana como los anillos de Saturno.

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