Astillas en la lengua / Reynaldo Jiménez

Äkste & Änkste Denxte, por Léonce Lupette, con grabados de Israel Encina, Fadel & Fadel, Buenos Aires, 2017.

 

 La lija en la lengua o la lengua poética vivida en tanto sierpe rijosa, en cuanto lengua atravesada de clavos semánticos y plena de ardores de dardos de lo inoído, es una preferencia procedimental a que convida el autor de estas láminas-lapsus, trabajadas y destrabadas desde la pátina, incorporantes hiperkinéticas de la erosión.

Por arte de sostenida sorpresa, se asiste a la transmisión de esta vox mutabile, contralocutora, cuya oración constituye nada menos que un rallador semántico de la oralidad, (de)puesta en página, lo cual ocurre, no cual ocurrencia graciosa, sino con la gracia, de desmentida, del acontecimiento. Feeling esceno-gráfico y swing perfórmata en modo alterno.

Ambos hemisferios cerebrales conversando, sin entenderse a veces, sin redondeo, reverberando sueltas de información sónico-tímbrica que, apenas en primera instancia, parece insurgir como violencia ruidista al interior de la imagen verbalescente, destripada por un fraseo inextricable de fragmentos residuales, arrastres, zonas de oscilación aparente o francamente inconsciente, donde lo personal y lo colectivo se indistiguen, se amasan en anamorfismos, extralímites del Amorfo.

Pero es que la cosa mentale deja, en Äkste & Änkste Denxte, de hacerse “la experimental”, en cuanto a ya no salvar, sin más suficiencia cerebrante, teorías del lenguaje o neopoéticas de alguna modernidadá, aprontada, en cambio, ante ese arrebato más crudamente experiencial desde el cual aportar consistencias semovientes para un coloque mutante de esa voz alterna, misma que no calza, ni ello pretende, con el registro identitario (más bien discurre a contrapelo).

Pero, si aun así, si pese a todo este secuestro de lo poético que nos circunda, hubiera poema y eso todavía importase, ¿podría resultar no menos sorprendente que el susodicho (poema) se estuviese tornando, ahora, ahora mismo, ante la vista, pública-privada, en tanto supuesto especimen-con-género, lo indemostrable pleno, una textilia incapturable a la clonación-Cultura, invitando nomás a una concurrencia de resonancias, al sesgo de tanto étimo rasgado?

La cualidad de presencia física en estos textiles los hace comparecer residuales de algún palimpsesto de irredimible pegatina de superpuestos —sucesivamente arrancados— carteles (y cárteles) mentales, tal estratos del Real a contraluz de un efervescer danzátil, revisitando, a su modo, los restos consuetudinarios y acaso atávicos, ya, de la civilización, los cuales se verifican, de suyo, anexactos, en la sintaxis. Lo que conduce, en esta quemazón verbalescente por Léonce Lupette, es esa remixante voz desaforada, empero íntima, en su celebratoria del matiz, que, de inmediato, sin más dilaciones, desaclimata el oído, si no el gusto-época, del hipócrita lector.

No por nada Léonce, nacido en 1986 en Gotinga, Alemania —hasta aquí nomás Wikipedia— aprendió muy joven, residiendo en Paraguay, los pormenores del gen de lo inaudito, empero habitable, aun con toda la incomodidad del caso, al interior antisólido de una interlengua. Tan probable balbuceo cuan improbable blablá, por entre tránsito tripartito —tal sería el portuñol guaranizado— sin despecho, es obvio, de la germanía aborigen, que funge, oblicua, de filtro-tamiz de la mixtura. Cruza o mestizaje electivo, tal se da, por concitar apenas a otro cursor, afín, en el obrar, todavía incógnito, fuera de cierto circuito regional, del paraguayo Jorge Kanese, cuya inscritura, justamente Léonce ha transbordado (¿al paraalemán?).[1]

Es en ese anexactísimo —plurifundacional de tan resbaladizo— mar paraguayo adonde este nómade lingual, ya absorbidas las tradiciones (cotraductor reciente de Hölderlin a por lo menos dos castellanos)[2] y contratradiciones de su proveniencia, vista su pasión por los valores ultramatéricos del signo, remoldeó y remoduló un entrerresplandor de fonovisibles texturas, parejo a su capacidad, no menos insólita, de traducir/escribir en ambas direcciones: desde/hacia el “alemán” así como desde/hacia el “castellano”.

Explayo las segundas comillas: castellano que, a la hora de la inscritura, muta en un patchwork de velocidades asociativas de diversa configuración. Vero destilado de palabras retrofluyentes y ecofluencias de tales, de entre algunos castellanos —implique esto lo que, en trance de ser, implique— del sur americano que el oído, infrafino, de tan foráneo, solidario siempre y alerta a la más precisa variación o diferencia, se arroja a la combinatoria, con afán de celebrarlas.

El compositor verbal rebaraja algunos alcances significantes que sólo la resonancia ajusta con el tercer oído o esa escucha que subvierte de continuo su propio alcance, poniendo en aprietos, por supuesto y para empezar, al propio portador de identidad, al propietario (inventario, fragmentario, ario…) supuesto de la voz.

 

 mi bida Frag-ment-âria
epse kolásh de des-faz-ajes
ipsa imdumemptaria
hek-tarias d’imbvem-tarios
arxi-varios somos arxi-arxivos
de xikos xicos & xiko grandchis
amikus ficus perdidus amikas
benévolas ka’usentes
sentos y sentas
di ojos estáñikos ke revientam
su mir-ada es-kupiendo
pastishas anti-vióti-kas
3 mi-êrdas dentadas
em posizao ‘orizontal
la berti-kal kuesta il
berti-go go go
lo akku-mulado
molido parado
em la caixa do super
merka-do su-dando
mis huesos mi-kado
no-su-daka su-dando
me dieron dis-nea
du-dando do más ser-kano
dos más cerka-nos em bista
merda em disnea-lândia
tmatum conzentratum
vinum varatum
shogúr vainisha fress-kur-a
nderevikuape horizontal
vakas terratenientes
terra em lugar
de lugar
xe-reales
frutas i-ra-ízes
¿quiém se mueve?
mantiene em-ze-dido
las brazas
em los brazos —

Según se aprecia, no son ajenas a la inscripción lupetteana las imágenes-nombres, las cuales no configuran seres o entidades recortables según jerarquías identitarias, sino más bien estadios e instancias-de-voces, astillas de vocalizaciones que actúan en su escenario miniado y se desenvuelven, acordes a esa liberación de roles y funciones que se le va produciendo al interior de su combinatoria, según los contemple el rotativo foco de la evocación percatante.

Nombres estepicursores, “nubes del desierto” con que ya desdice Léonce lo estepario desde el primer textil, al hacer las veces de arte poética (recurso de remanencia secular, revisitado, sin ánimo paródico, pero satiríco en acto, desde andariveles mixturados, con ambivalente gravedad/ligereza): nombres que desfilan hacia arriba al final de una peli/ y que van formando la guedeja intimidante de la producción visual (…) en la autopista de los nombres el embotellamiento de los nombres (…) los nombres móviles desvehiculizados en algún área aledaña y conurbano/ del lóbulo temporal de tu corteza auditiva.

La apelación a esa segunda persona será decisiva, descorre de entrada el trampantojo telonero de La Lengua Hiperrealista en tanto Espejo, ergo pasto de especulaciones (y carne de Cánon), cuando los espejos intraverbales, ya pulverizados por el discurso de los hechos, han retomado cualidades mutantes, para devenir autónomos de cualquier sujeto que se les pueda aprestar por delante. Y ello ocurre aun cuando se aplica la estricta narrativa del collage documentario en su retorno a semillero de astillas, proliferador electrolocutado de interlocuciones:

 

(…)

 

recién al caer la tarde lograron
habían acordado presentar
son muy complejos debido a que presentan
todo contribuye
tenemos que asegurar de que todos
es una zona de interacción
otra diferencia entre
en el intercambio
las primeras negociaciones para prolongar
el trazado de la línea
provocó una
uno de ellos llevaba un cinturón de siete kilos
y que seguramente seguirán aumentando
estos cuerpos de agua
tienen escasa vegetación
ellas existen en esos sitios
ambientes poco profundos en los cuales
porque es donde se reciben las mayores
lagos polimícticos, lago de tercer orden
después quemaron neumáticos
mientras sucedía eso
en el modelo de las mismas casi nunca predominó
durante horas la policía y fuerzas especiales intentaron
las tropas extranjeras comenzaron
poseen circulación continua todo el año
en nuestras células ocurre un proceso similar
cada banderita contiene
diferente tipo de información
desde hace mucho tiempo se conoce
en realidad, no hacía falta
la fotografía de la debacle económica
su cría es fundamental

(…)

El encabalgamiento aquí exacerba una suspensión que no se completa (no se acompleja), dado lo trunco sin otro truco que las frases versiculantes, versus de reversos, rostros de dorsos semejantes al apretuje-torniquete de ciudades donde la acumulación de edificios y demás construcciones delatara proximidades meramente incongruentes, y fronteras adentro la reiterada vecindad amenazante.

Para ya no servir a nuevas privaciones (del menú de experiencia sensible) pareciera y nunca de pronto exaltarse, mediante densidades expresionistas que estiran, hasta la bienvenida deformidad, fuera de jerarquías, la real-realidad intratratada, promoverse, como en remasticación cuya rumia tendiese a una dificultad adquirida de asimilación, a través de resonancias afiladas, algunas más inmediatas que otras, sin perder de vista ese brotar punzante en-cualquier-momento-y-lugar como advertencia de heridas estructurales más intratables.

Entre absurdo y absorción, entre máquina del sentido y maquinación sinsentido, entre síntoma aceptado y signo des-represado, entre tuétano y cartílago, entre sigilo y articulación, entre trickster y entrevero, también capaz de protoplasmarse, por así sugerir, mediante voces-ganzúa que el soma asume, debido a un templar de la puesta en voz omnívora, desbordando cada uno de los poros silábicos, se destrabaja sobre el tapete —el resplandor enceguecido dimana desde el suelo conta-minado— de una premeditación en lo anexacto axial.

 

Auxênxia : la
phorma de xer
k me per-
xigue

entretexida
cum mi bida

bieja al-phombra
volátil

Aparentes retruécanos, malabares y albures —en mexicana acepción— que Léonce materializa, casi circense en ese riesgo de contorsión ilusionista, sin soltar la rienda de las irregularidades arrítimicas que entrañan el ritmo. El malentendido que hace también a la lectura, o, peor, los sobreentendidos culturales, verbalescamente explorados en tanto emblemas de una incomprensión mayor —acaso indiferencia generalizada, adormecimiento global-englobador respecto a la continua generación de sufrimiento implicada en lo civilizatorio (sabemos que las guerras de independencia significaron, remata a secas, Léonce)— de la que las hablas se hacen portadoras obvias, mientras las fablas la devuelven a modos de la entonación que la retrastornen. Arrancarse de la cabeza no dejaría de ejercerse en tanto digno giro curativo.

Así la entrefabla, por descerebrante, celebra. Por sarta de detonaciones de plural reminiscencia, se activan alcances inauditos de oscilación simbólica de cualquier signado verosímil, representación nacional o noción estatal de tal que se pretenda preexistente al propio movimiento semántico de alto impacto. El solo redespliegue de prestar atención a las palabras agolpándose y pasando, no sólo agita las evidencias, sino, por amplio margen, ante las desmentidas favorables a la escucha, desplaza la identidad. Lo que el poema permite escuchar, en última instancia, es la inconclusión cuya ínfima brecha filtra ese elemento celebratorio, aun en las peores condiciones de la rotura de los contratos, o quizá por eso…

Así el miniado que a través de la voz trasuda la (plástica) vasija verbal de sus contenidos y contenciones y continentes y containers de fragmentos y afectos residuales, retomando las vías de alteración y —de tal suerte— de alteridad a los modos trans de la piración, hasta devolverla intacta, ante la factible risa nerviosa del público, el oportuno destiempo del estornudo o la incómoda tos, al fondo de qué bambalinas de facto, o qué factorías, cuántos fuera-de-campo. El único privilegiado aquí es el magma-niño siempre latente. Las informalescencias al rozar, roen cada elemento sólido de la aleación verbal, jugando con fuegos ya seculares (dadá-zaum-entonarumori) para, capaz un día de estos, des(a)prender otras inminencias, parolas-mezcla, ex-sorderas.

¿Palabras-alma vía la vibratoria en la materia sígnico-ígnea? En ninguna parte Léonce estaría apelando a un solo nombre que designe un ente metamatérico sino meros entes material-realizables mediante el salto sensorio, salto que implica, de todos modos, un interior, que se percata, el cual se muestra, no inválido, pero invadido por la cruzada de las funcionales violencias, sus cursores y dispositivos. No es la entereza de una lengua lo que (se) cuenta, sino al detalle la astilla precursora:

 

(…)

erra tam xolo um cover um gover
ver na menti-ma-menta- la go-
fer-menta-ção de un prin- de um
Pring- un Prinzip Prinxi-pago pa-
papado tam leha-lexano la no-va
Eks-novi Eks-tremen Ekstrema-
dura du duros los pha- los pa-
pagos de phuen-te del pu-ente
del Pont com finá cum fi-ánza

(…)

 

En el principio eras, La Mentalidad. Apenas un eterno príncipe (como el archiduque húngaro a manos de Gavrilo Princip) asesinado por Prinzip, o sea por principio(s), un principado de cecina o un papado cocinándose tan lejano introyecto como la extrema dureza de los pontificiales sacrificios en que fermenta una civilización. El absoluto adverso: un cerebro que se expande (digamos)…

Otro poema corto y sin título expone, justo por nunca enunciarlo, aparición que hace al asunto del aparecido o desapercibido mendigo universal, apartado paria y descastado de todo dónde y cuándo, posiblemente leproso, si no en la piel por el no-linaje, o bien el lacerado sin redención, ajeno, por demasía explícita y por ruptura de pactos de sentido, a toda tribu que se precie, el sobresalto esquizo de una supervivencia suburbana:

 

Los ácaros devoran
el detrito el
polvo fino de mi piel
como anfetainómanos esnifan anfetas
También inhalo yo:

Soy alérgico
a los excrementos
de estos bichos que
devoran mi piel
alérgico a mi
piel hecha mierda

No sólo actualiza la imago un arquetipo sino remece la propia portación de voz. Es un poema sin título y del primer tramo del libro, no menos radical que el extraborde hacia el que, leído en orden de paginación, evoluciona, aunque se trate, claroscuro está, de una evolución por trastorno operativo, por sostenido afán de intermitir.

Es un cuestionamiento de los bravos, de los que no se enuncian así nomás, y por eso el mentado peligro. Por eso esa crueldad, que asoma el pico, a través, en la medida en que una veta de la vox se extralimita preocupada por los avances del virus, del ataque microbiótico, de la latencia insólita que acecha las grandes alturas de la importancia personal, cuyo yo es a todas luces inhalado a manera de droga, entre lo legal y lo ilegal de una posible curación, la cual asimismo oscila entre lo personal del personaje parlante y lo comunal advertido en la situación desangelada del antipaisaje, close up a la epidermis. Ambivalentemente se estipula la sombra pánica del pharmakon, según la bífida lumbre de una acepción tanto venenosa cuanto curativa, siempre en respectiva forma e indivisas.

La impregnación del entorno, elocuencia fuera de campo, reintensifica la inquietud que atiza esa voz amenazada, cautiva también del imperio del sentido, cuyo proceder finge que ignora, o no permite a primera lectura advertir, a manera, por supuesto, de efecto reverberante, el toque del vero miniaturista. El mago desaparece en la magia.

¿Quién sería, a estas alturas de la circunstancia, el personaje del poema? En lo ínfimo del micromar de las sílabas se advierte sin embargo esa expansión de oleaje cuya integridad no se discierne ni se ciñe más en sus efectos. La sucesión de colapsos está toda editada, aun si la catástrofe es —en efecto— histórica o corporalmente cierta, en el agite respiratorio el sujeto postizo se deja decantar.

Aparece la comedia en el gracejo elemental en medio de las desgracias, la desmentida burlesca de las fablas puestas a delirar confluencias impensablemente a mano, en una operación de trasvase destinada a la abolición de la frontera y sus sucedáneos, entendida ésa en su multánime funcionalidad, en particular al ras del fraseo, mientras despeja o despelleja a las palabras, deja de contenerlas por pelar y se mezcla en la mezcla de ellas, liberándolas de retenerse en ser términos de algún sujeto o su discurso-identidad. A menos que se piense en (otra vez) términos de discurso musical y se retenga, por un momento, esta noción, no novedosa, neoarcaica, de comedia de los nombres.

Ventriloquia o ilusionismo o teatrillo de Kleist que no esconden al parlante actor ni al operador de hilachas de fablas cuyos disparados sentidos enhebra, arreciándolas de a racimosas suertes desdestinales, llevado, en otros momentos, el libro, a sensacionismos de duración cambiante, dada la intensidad de tonos que variables se gradúan, desde lo secuencial abiertamente, hasta el interior de rozamientos microscópicos. Tal ocurre en esta otra iluminación, tajada en un taco de grabado:

 

a bem-tana vomi-tá um ré-
korte della xittà

cum xu ru-ido
emmi IV. i

me-le-bamto
a-las onxela man&ana

pako-mbrar
el dia-rio dell-atar-d

 

erik-johansson25
Erik Johansson

Otro poema, no menos post-oral, que ataca el cielo por sorpresa, cuya tendencia a hacerse ancho parece proponerse invadir, en el sentido de las invasiones populares de los cerros alrededor de Lima, precisamente, el margen derecho de la página-referencia-mundo, arañando un abismo brotado, en pleno campo minado, desde alternancias fugaces de interlingua, tan “contaminadas” como el ambiente que se desdescribe.

 

Los gases ga-gases las gasas garages Garagen o-lina o en
La Molina la peri- la perish- la putre pu-Peru Pe Peri- la
pheria de la aquella bastión de la co-com-bustión de los que
de aire de lija de Lima que es tan abrasivo que gasta mucosas
productos resi-duales triales quadrales las ko-sas kositas ke
kedan después de la ko-kombustión ke no sirven y ke se-a
kumulan nel aire penetran pa-pártiku- parto-partículas se
entremeten en-entre las lass das da- also las córneas & ké
korno es esta monta- nah, -no ese mo-món-te ke de repén-te se
aparece detrás dessa tina-cortina ke se impone ke hace que
todo parece pegado nun muro un mur no de ouate mais de
quelque chose plus opaque une espèce de género-gelatinosidad
pe-pega-pe-pero volvamos a lo ke así no más se entremete
komo sucios kristales michi-minúsculos ke fraksionan la
kasi ya no posible visión y la frotan karkomen lo ke se kedó
entre lo visto y el kristalino y así y los grises las kapas de
lo inútil lo indeskomponible in-interfieren las Ferien die
nein las fieras respirolfakto-visuales & eso: lo incombustible

Se desdesdice asimismo hasta la arritmia axial, vía el tartamudeo, que representa, a nivel sónico, la intermitencia de una respiratoria sostenida entre la ingente mudez y la mudanza envolvente. Importa por ello que esta reanudación de la latinosidad (dentro de la general gelatinosidad) parta, por fuerza, del contorsionismo anímico-oral de un extranjero, dado que a fin de cuentos cada cual que se lance a los desvíos connaturales al étimo hallará,  remolino sus palabras, esa anonimia ancestral en la que nadie no sería extranjero, ya fuere en espacio ya en tiempo.

En la gelatinosidad habría, aun, consistencia suficientemente escapadiza como para una reinclusión del latín en esa latinosidad, cuyo esperanto neoarcaico y translatino en que lo urbanita desconyuntado propicia una risa de los estratos, súbitas convivencias de sentidos cuya reciprocidad abarca, otra vez micropolíticamente, a la contra-dicción. Podría decirse hasta aquí que la contradicción constituye el escrúpulo lanzado y alcanzado de este balbuceo ultramestizo y anarcomédico.

En el sobresalto a que induce Äkste & Änkste Denxte se prodiga la desunanimidad del enunciador. Se pulveriza la ilusión referencial del interlocutor, del sostén de la voz dizque poética, pues en pie no queda una sola voz cantante que designe y delinee funciones de sentido. Un cuerpo antenado, atravesado por los flechazos y dardos de la contradicción, absorbe los venenos del absoluto en las latencias figurales de la más dilecta pronunciación.

El nómade semántico, en la poética lupetteana, también lo es de temporalidades, que el poema en su mixtura imanta con los fragmentos propicios al cultivo de ínfimas insurgencias, en pro de otredades para nada metafísicas, para propagación del gen informalescente que impregna este rompecabezas deslizable con trasfondo enchastrado por los signos de habituación y a la unidimensión antes sometidos. “Palpitable”, vuelve a aunarse con lo que el nombrar dispone, en tiempo y forma de afinar la transmutación en acto de palabra:

(…)

una ruptura
dinamizante
que disipa
las astillas

de algún tótem
algún tabú
o alguna idea

para transformarlas
en algo palpable
que palpita

 

 

 

diciembre 2017

 

 

 

 

 

[1] Mínima muestra de ello se puede consultar en el blog karawa.net: http://karawa.net/autoren/jorge-kanese

[2] Friedrich Hölderlin, Poesía última, edición bilingüe, traducción y estudio preliminar de Marcelo G. Burello y Léonce W. Lupette, El hilo de Ariadna, Colección Literatura, Buenos Aires, 2016. Una particularidad de esta edición, además de su impecable prólogo, es que presenta dos colocaciones distintas —en todos los casos laboradas a cuatro manos— para reversionar cada poema.

 

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