Khatarnak & Khabandar / ¡Santas incubaciones!

Entre 1997 y 2001, Khatarnak & Khabandar escribió los textos que aquí se compilan. Fueron recientemente exhumados y retocados en peluquerías Etteilla & Alliette.
Dos revistas publicaron versiones primitivas de dos de ellos: 007 y Vero más Chapelco, en la revista Nunca nunca quisiera irme a casa, con ilustraciones de Exequiel Klopman. Luego, un fragmento de Peralta Ramos en la revista tsé=tsé.
Eloísa Cartonera, en el 2003, editó Umbanda- Jackson, ilustrado por María Delia Lozupone.

David Lynch: “La atmósfera es un todo que da trama sin relato, superficies psíquicas antes que personajes”.

Grimorio Ram:
légkör

Extremada fue la mía.

GÓNGORA

El gozo sáfico allí se ha perdido, reemplazado
por la belleza y la magia de los sonidos.
(…) Amolda los símbolos que utiliza a otros significados:
los convierte en imágenes y proyecciones de sí mismo.

GUIDO CERONETTI

Por lo que me concierne y respecto a remontar
el curso de la creación, yo me detengo en la araña,
mientras que muchos no van mucho más allá
de su abuelo.

FERNAND DELIGNY

     Bestial y refinado, curtido por una miríada de flashes —la oscuridad no es más que la retina en proceso—, danzante y reubicado en cualquiera de sus no-formas, sea naKhlah Khan, ná Khar Elliff-ce, naKh ab Ra, Elina Khar (*, naKaZar, NaKaZahara, naKhaB, Karel Nu, incluso Khatarnak & Khabandar y tantas de las otras que fueron o serán, quien escribe desenmascarándose sabe, como Alan Moore, que el gran acto mágico es decidir si vas a vivir en tu propia ficción. No existe magia (flujos de conjuro) sin palabras: alfabetos reordenados por los sueños, visiones tan apócrifas como labios en llamas. “No necesito narrar, suponer o adiestrar las imágenes para que luzcan como acontecimientos” —dijo mi maestro, MaAl— “simplemente me dedico a exprimir unas cuantas palabras, no muchas, para que resuenen como una melodía”. ¿O acaso por alguna otra sinrazón mientras sigo las frases vuelvo a escuchar ese continuo de sonido que György Ligeti denominó Atmosphères? Légkör, en húngaro: el ambiente, la gélida temperatura de los soplos —souffles— que Pierre Klossowski enseña en las radiaciones de su Baphomet: todo plot no es más que un com-plot. Soplos: “Tres veces de Aquilón el soplo airado / del verde honor privó las verdes plantas / y al animal de Colcos otras tantas / ilustró Febo su vellón dorado”. En estos versos, fechados en 1585, Góngora ubica al mitológico dios de los vientos septentrionales privando de color a un animal de la Cólquida, Colca, Colquis o Kolquis —nombres que varían según los siglos y costumbres— reino que fuera destino de los argonautas. Un animal, uno sólo, el escogido. Podríamos ahora parafrasear a Moore y entonces decir: el gran acto mágico es decidir si vas a vivir leyéndote en esas ficciones que sólo son propias porque provienen del más allá del tiempo. Sin embargo, hace falta aclararlo; Karel Nu, SHYR, naKaZar, Umbanda Jackson, incluso Peralta Ramos (que no es huevo gigante, sino balneario): cualquier ficción será mitológicamente y fatalmente autobiográfica, en el enjambre de formas de los soplos en palabras —puedo dar fe, estuve algunas veces ahí—. Soplos, a los que Klossowski también llama murmure o coup. Murmullo, murmurado, susurrado, como un mínimo silbido que deviene frecuencia, onda, vibración. Soplo: “oublieux d’avoir jamais eu un corps”. O bien: “Para que haya asesinato debe presentarse un cuerpo en evidencia; el resto son palabras” (Massimo Bontempelli).  

      ¿Acaso para alcanzar el soplo no es necesario devolver la marca del real? Dije Coup, que resonará siempre a martingala: nuestra tarea no es otra que corregir el azar, solía decir otro húngaro (hidroespacial), Gyula Kosice.
     ¿Acaso no fue Oscar Niemeyer quién dijo la vida es un soplo?
     ¿O fue el autor de Catatau?
     ¿Aliento?
     ¿Acaso la escritura no lo fue antes?
     ¿El lento paso de un ángel fósil?
     ¿El espectro de la cara plateada?
     ¿Qué otra cosa deberíamos hacer, entonces, salvo recorrer el pneuma?
    ¿Por qué seguir retrasándonos en esta página, por qué no atrapar de una vez por todas ese insistente zumbido?

Rafael Cippolini
En la festividad de los Santos Hassessinos, facultativos
144 EP

SantasTapa

SHYR

a G. Pimiento y Gabriela B.

a M. Onis

                      

 

   “Ponen dos”
  Primero el baño como instalación sanitaria; segundo, Lesbiano adentro de ese perímetro, luchando con sus muslos para entresacar el bálano que le crece contra los mosaicos, rampante bajo los pantalones de lino. Sin disimular la crecida de la arteria se planta frente a Cala-Khan y FebaDin (los tres en uno de los compartimientos del gran baño de mujeres) azotando la frase que sigue:
“Me concentro —y hace un gesto bufonesco de sintonizar la ola— en los círculos… radiaaales alrededor del inodoro… y en las tangentes de los mosaicos que se disparan hacia sus epidermiscènes de cebras: a ver… las inatacables condesas de la fiesta aunque por sus flancos de puertas adentro, ofrendadas al cerrado círculo inodórico en donde éste que balbucea les permea un vistazo de lustraciones en Shyr, mi Tierra Sometida, y todo ofertado aquí, en escandalosa bajada a los baños elegidos, en la gran celebración de Pfh, y en cuanto baño del efímero circuito de recolecciones poblemos antes del retorno a las orillas de los Padres”.
    Adentro de ese compartimiento bailan los tres maniquíes mientras por dentro de los otros boxes se cuecen diversas hablas, coreografías de la ur.Babel sanitaria. Cala-Khan y Feba-Din secan a minifaldazos la humedad de las paredes mientras potrean en sus gateras, descorches que limpian a todo trapo la entournée del altar de Lesbiano, preparándose para la coreografía última y plegadiza: amontonan una mano encima de la otra hasta sobrepasar sus cabezas y una vez arribados los brazos al tope de ridiculez programable, se congelan en el límite longitudinal del mic y descansan.
   De Cala-Khan y Feba-Din saben muchos —los pocos que hacen falta— que son entregadoras de temporada (la 2022 para la extra-vía en el yermo), aprovechando que su amigo es el único en la disco de Pfh que recolecta enviadas para llevarlas al desierto (esta vez las hijas de Cala y Feba), ya que Lesbiano es uno de los últimos recolectores con ogrosofía todopudiente, con estilos de tanta impregnación y contagio en la recolecta y anuncio baptistas, que no precisa de método alguno (como otros vulgares de la Vía Recolectora) para lo que en las enviadas se produzca como mediumnidad multiforme: “¡Más de esos ensueños en la cabeza!”. Frase que emitiría, tiempo después, la hija de CalaKhan, Nía, una vez en Shyr y afín a las voces despertadas bajo la tutela de Lesbiano en ese retiro desértico, diría que él le había erigido un culto completo, una ingresión de frases radiosas y preposiciones-fetiche, antes de haberse entendido con el desprendimiento de ella misma (de Nía a quien no debería haberla erigido sobre él), una elegida que ya se auto-administraba la delgadísima y endeble seriedad con humor de las niñas del páramo, que resulta de un pasaje veloz porlocuciones irruptivas acompañadas por saltiqueos y rango también, hablalias en las que Lesbiano se solazaba lentamente para más introducírselas. Esta simetría sería parte de una secreta eficacia: el heterodoxo se aseguraba, por esa desmesurada irrupción de imago en su propia cabeza, la fertilización en la cabeza de Nía, el embarazo que por contagio le produciría en el cráneo.
    Pero estaban en el baño:
  —La podés llevar esta noche —le dice Cala-Khan mientras se sacuden en el compartimiento.
    —Qué más podría querer un ogro de las cintas: dejar encinta la cabeza de Nía.
  Obsérvese a Cala: su pose de clandestinidad arcaica a los veintinueve (delgados dreadlocks de rubia balcánica, la efigie triangular del hombro hasta la basa de las caderas ahusándose hacia unos tacos que clavan un manifiesto en cada baldosa), se toma del brazo de Feba-Din para detener la marcha de su amiga, detenerlo también a él y repetirle con el énfasis de lo ya dicho (“La podés llevar esta noche”), con la solemnidad impostada de una secretaria, del secretariado sindical de una secta. Entretanto Feba-Din ni siquiera se lo dice, da por hecho en ese marco de altar lustral que le cede por nutriente afrecho, para una temporada pedagógica, a su hija Ily, no menos re-educable en el desierto de Shyr ni menos encintable que Nía, en esas crisocorálicas costas a dos días de agua desde allí ( = a dos iniciaciones lustrales de dos días completos, hacia Shyr).
    El último secreto: Lesbiano forma parte de un sector respetado (por cuidadosamente eliminado) de la sociedad cultivada con carteles de licenciaturas y otras orientaciones de la paciencia fúnebre, pertenece al invisible sector de raptadores pedagogos (en complicidad con entregadoras entre las minorías del ’22) vetadores radicales de los cultivos de niños prodigio o bonsais de adultos por el estilo: si por Lesbiano fuera: sólo encintables por las sienes.
   —¡Me pican las piernas!: grita María desde otro compartimiento a la izquierda. “¡Que se las rasquen!” —nos comenta Cala acomodándose las medias en el closet.
     Por unos segundos Feba y Cala, descansando del atletismo, se recuestan falsamente enamoradas sobre los hombros energizantes de Lesbiano, él se deja exponer a esas aperturas de corazón un tanto desleales (por hiperactuadas) de ambas máquinas, ya que después de todo le habilitan el cultivo de sus hijas a fin de extraerlas de la circulación para la clase, parir de sí todo lo que sea tan de fenómeno genético (por una vez incubado: cultivable como engendro), que sólo un embarazo por la franja del lóbulo las retorne como madres y a él, a él lo retorne al Océano.

     “Todos ponen” (un Sí de corazones).
      Dice Ily (unos después años):
                                                        “Recuerdo a Lesbiano articular con impostada elocuencia de fauno, una lección sobre cada una de las modalidades de las luminarias de todas las índoles, sobre todo las que se ven en el cielo y en el aire del desierto, y aún de las sugestionables en propia carne cual fanales y templos; unaaa… diría él: una confluencia de todas las licnosofías exploradas hasta entonces: una Thaumatopoética, que se implica en las cosas del ver como rubificación de toda una era dermiaria (que para él era la de los meteoros: la de las piedras-luz y otros descensos). De esas lecciones licnógrafas retengo las siguientes modulaciones de su voz impersonal (ahí sí de lámpara):
     “Esto que les digo y soplo pertenece al Lampadario 5:17, que se explaya sobre las relaciones entre la natividad y las luces: ‘De las bolitas prendidas al Árbol de la cueva, de esas esferas iluminadas por dentro (nuestras cabezas fecundas), se obtiene el lampadario de los doce Ardidos (los doce Padres del Yermo en el osario de Shyr) colgando de las ramas de nuestro tronco medular: cada ejemplar es muchedumbre que pace en Nuevos Nervios”.
    Ahora estamos con Lesbiano (tanto ahora como siempre), explicándoles a ambas las consecuencias de artificio de sus enseñanzas, los tres en un arenal en plena sin-referencia de luna llena. Nía se empapela los muslos con unos apliques adhesivos de lunares verde zodíaco mientras Lesbiano le adivina, a través del fotismo de esos cráteres artificiales, la bocanada del cráter muy entornado de su cabeza, se los magnetiza para que se envíe sobre esos rieles de espí- rita, como si la lenta labor de recapado de las líneas sísmicas de la aprendiz, fuera el oficio por el cual el maestro expresa su carisma, una sutil relojería que sobre-inyecta cada inflexión de la niña: cada veta de más extranjería.

    Meteoritos; 7:45: “Pfh dice que las estrellas que se ven pasar y desaparecer, son portentos que insuflan las mentes de quienes las descuelgan, pudiendo anunciarles, según la forma de su caída (una columna que se alza), la fecundación de la cabeza por un mago de las cintas (filacterias, entiendan), y como está dicho y comprobará quien el portento haya visto: de toda cabeza laminada nacerá el tritopator que devora”.

    Licnósofos, 11:27: “El licnómata tallará un agujero en la sien (caverna metálica, mina) de la elegida, y con la violencia de una minuciosa proyección, introducirá la filacteria de una escritura bífida, detonando la simiente húmeda transformable en embrión. Habrá que bañarla y alimentarla de continuo en ese huevo hasta que los Padres se acerquen en sus asnos”.

    Relámpagos, 30:7: “El Siete del Yermo, el Padre 7, ha visto el relámpago (el rayo) así: ‘Lo degusté a pleno cuando la pólvora me fulminó a la intemperie y así fui devuelto en esqueleto iluminativo a la aldea de los caldereros: mis pares del desierto. Me entraron como estandarte constelado a las dos de la madrugada, me entregaron masticando las piedras, los restos de la meteoríada. Me revisó Valentino y tenía tanto mineral asomando por los barrotes de las costillas, tanto aerolito de luz entre vértebra y vértebra, que ya no era puro esqueleto lo mío: era espécimen de misterio —y así es como los revolvía en sugestiones otras—: que refulgía mi cráneo vuelto piedra de rayo, que mi quemante estructura bastaba como faro para todo el caserío, que había sido rehecho en base a un switch refucilar de los humoristas célicos, los astros mismos me re-enviaban entre ustedes como objeto de inalegórico museo. Comprendan esto: lo que es dejarse calcinar por el Hado de Inevitancia.”

 

     UNA IRRUPCIÓN DE ENTREGADORAS EN PRIMERA PERSONA:

     “Ser rubia anomal a los veintipico, ícono a explosiones de cuna sin carril, ser de raza acéfala y actora, uñas largas y de piel blanca irreal: selenita, coger tiene tanta influencia en nuestra naturaleza como traspasarse de una existencia a otra, curarse del traje de la bienposada en su sexo regulado por el trabajo sensato o el repulgue de la tibieza, ser de las rubias fébeas y amazonas: modelo de bestia, avecinar así la relación con un recolector de la extra-vía: Lesbiano, para entregarle los hijos que ni por parirlos serán nuestros, para que los eduque y sabemos lo que no se dice: sacarlos a trotar los anocheceres del yermo, conducirlos a un trato de frecuentación con las rarefacciones de los elementos, adiestrarlos por la sutil trepanación de las sienes, la inoculación de una cinta cuya inscripción es otra sien, otra mente, ahora una simiente, abrazarlos a un relato de natividades a ultranza que les espesa el brote: Tiamat, sí, habrá de crecer de la cabeza de Nía, a tal punto las fertiliza el ídolo de Lesbiano con esa desviada manía pesébrica de los ritualistas del yermo.”

    Fragmentos a su Imam:
   “Como cualquier enviada, Nía querría que un animal le curvificara cada asomo de distracción y pereza”.

    “ ‘A matarme: Tiamat viene a matarme’, dice en bajavoz Nía, y así de tranquila con su parto se acaricia la cabeza batiente, con ese agregado de vibración amniótica que recubre todo su cascarón vascular.”

    “Los días ni se alargan ni se acortan”, anota Lesbiano en su íntimo de la espera: “Parecen mantenerse en una noche boreal que se constela como telón de fondo, mientras con mi brazo extra-largo cuelgo y descuelgo los adornos del firmamento pedagógico”.

    “Hay una hija primordial que nos viene desde antes de la creación, una cuyo nombre será Tiamat y que a su vez será el Yermo: una devoradora santa, sostenida a base de apetitos cognoscentes”: murografía de celda del Padre 7.

     “Toman todas” (del agua ígnea).
   “Les voy a iniciar las cabezas: ¡lavárselas! Porque nosotros…”(nos dice Lesbiano mientras nos sostiene de las cinturas bajo los fulminantes cañonazos del sol)…
     …nos dice que nosotras somos las pneumáticas atraídas por el mar que fluye a través de Shyr (por nuestros cuores exfoliados): “¡las niñas espirituales!: fe en el desacato, fervientes de la novedad que destila cada segundo, de la nueva informalescencia para la nueva energía, espiritistas al fin, del culto de la huérfana Asirat, la que se posa sobre las rompientes, la que pasea sobre las olas con su perro de átomos”.
     Unos segundos después, un fragmento de Asirat es levantado en la hoz de su mano bautista (la mano universal y entreabierta de Lesbiano),recogiendo un agua de cuarzos para bautizarnos: “Así prehenderán a la doncella, mientras les lanzaroteo su pelo, aprenderán a extraerla de las aguas, pigmentándolas de rosa fuego por la noche”.
     —Ahorrrga … póngase pierrrras en laz bocazz y havlenn– nos dice, con un dejo de excitación o frenesí, y una vez que se quita dos piedras traslúcidas de entre los dientes, continúa en su tono de pedagogo ultérrimo: “Hablar según el reino mineral de la profecía; ademásss: hacer hablar a las piedras; ademmmás: hablar con piedras en la boca … ¿A ver qué les sale por los labios, por la lengua? ¡Murmuradoras y baptistas!: son las fregadas sobre las cabezas de pulseras de los Padres, quienes observan sus evoluciones desde el vamos (o espiaránlas: habría que atreverse a decirlo: a soportarlo)”.
    —Porque yo, YO —se autoseñala Lesbiano dibujándose un cero de oro alrededor de su cuerpo– no soy más que el bailarín-prostituto de los Padres, una vía perdida pero ahora recuperada de prostitutos anatolios, preparando el advenimiento de Aquella que nace de la cabeza elegida, para mayor gloria de lo que después la avive (y para gloria de los por ella fagocitados), no soy más que el preparador físico de una secta de irruptoras.
    Cita: Bengalas 15:2: “Haya luminarias en el firmamento y que sirvan de signos”. Hacia ellas ascenderán las niñas de Shyr, luego de sus igniciones parturientas, como aquellos férvidos niños de Montano del siglo III de nuestro Señor Ieu, que ejecutaron la certeza espiritualista: “Cuando los ojos ven, los oídos oyen y la nariz respira el aire, llevan lo percibido al corazón y la incubación inicializa”.
    “Aplíquense al oído”, les continúa diciendo Lesbiano hasta que ven, casi sordas de revelación, a Tiamat sobre el humo de las rompientes. No saben cómo la adivinan o en base a qué se electrifica esa anguila que enguanta la Doncella de las Aguas… Ven también el Bythos valentiniano (la profundidad primordial de la que hablan los Padres del Desierto) del que surge Tiamat bañada en el excremento cerebral de Nía… “Y así nos lustramos”, concluirían (por no gritar) las niñas.

 

CONTINÚA…

Anuncios