Caro García Vautier sobre “Ello Inseguro”, de Reynaldo Jiménez

Una cita con Ello inseguro en abras de la palabra

¿Es esperable desprender las patrias y sus mezquinos trazos de mapas que imprimen capitales centros  o  imponen “husos” al lenguaje, coordenadas con el fin (desafinado por cierto) de sujetar identidades tan apremiantes que su único premio parece ser… parecer ser… perecer

?    ¿

¿¿                                                                                                                                                      ¿¿

?¿                                                          !!!¡

En abras de la palabra,  hay lugar para el serpenteo ¿Barroco? En las vetas de la roca preciosa ya presente en estas tierras, en este lar (aun/antes/después) de nombre América,  en un ahora siempre vivo, es telar lo inseguro de Ello para este libro:

 

asustados ante la sola aparición aun

si no por completo corpórea: ¡Tierr

apura contra los domésticos ojos!

¿Cómo no atravesar las eras y acudir a ese grito de – Tierra a la vista! Aquel supuesto en la voz de Rodrigo de Triana en el descubridor viaje que hiciera Colón? Lejos de invitarnos a  desempolvar los ojos luego de tanta tierra arrojada hacia uno y otro lado de los extremos del océano, Reynaldo Jiménez en un gesto de paridad, inaugural porque pare y parte (dejando el patrón de lado), propone un entramado de voces que intiman, con diferentes velocidades, a que los oxidados contrarios y sus innumerables hileras de polarizaciones abandonen ya el peso que la historia les ha impuesto. Esa historia lineal que impone jaulas,  celdas calendarias que incomodan el alma-en-anaquel.

¿Quién paga esos impuestos?  Pasa por la espera la pregunta, no por la respuesta, cuelga la res y el cuerpo desespera, ora la huelga ora la plegaria, en peregrinación:

 

Y era en hilera de fieras esperársele

 

Ello mordiendo

Entrometiendo

 

Subseamos absueltos desde siempre

a ver si se nos ponen los suficientes cuerpos de punta

 

En el desacostumbre de la lengua hay asombro, la morada olvida sus fronteras, su propiedad, ahora la tela pierde rancias costuras, ofrece nuevas costas por las que asomar, porque soma la palabra, expuesta la raíz puesta patas arriba, rizoma y cause risa.

Comerte hambre, salpicarme

contigüa, erizar plumajes lentaymente:

cruzardo de pura

impaciencia santa de tu sabor al viborear

Vibro real, me paro, palo mortal

Hastante viro aguza el atadijo,

imprecavida mía

de los entresijos

La sierpe va en procura de otras hierencias, rota surcando la herida a transpiel, con siempre que la sostiene pues el Tiempo es el que se aparta cada vez y da sustento. Alienta la rotura y aparte transporta… y lo trans ¡pare! nuevos modos de concebir lo real. Amamanta e inmanta.

Hay un acá y se alza ahora, no en detrimento del allá, no un acá versus un allá, hay acá propulsador de otros contactos, activa e irradia, hamacas donde el arrullo y el arroyo provienen de un arrorró particular.

Aun si desde acá entonces cayéramos

Fuéramos por fuera de los amos

Del amor y sus afueras

Sordos como las más altas

Esferas

………………………

La misma vieja erizada pelambre

Hambre de caracú de brisa de acá

En un abra zonal de intemperies donde el tiempo calendario es calado en alas de otras veras, las conjugaciones oran, conspiran y persiguen otros juegos… hay otros juegos nos versa Reynaldo,  donde se percuden los viejos sentidos por dónde …. Cuidar el don, ponerlo en juego a riesgo de perder lo seguro de sí, a salvo de los acostumbrados sentidos por donde el Don ya no pasa…. Un nuevo al don pirulero* donde la ronda (hemos leído Ello inseguro en ronda) cuida de la pira…. El don transmigra de voz en voz… El vigilante se pierde de vista, sabemos que está, pero en el percutir de cada verso se vuelve versátil, percusiona toca y suena.

Jiménez propone la difícil procura** de un hábitat poético sin potestad, protesta sí, pero no reclama al amo, lo destituye.

Si J. Derrida nos dice que no existe “lengua dada” *** si no que hay donación de lengua y queda por ser dada, solo permanece con esta condición: quedando aún por ser dada… Reynaldo en  Ello inseguro se entrega y entrega la lengua: presente y sin nación. La dona. Hay don transmigrando la noción de patria, sin dueño de sí. La presenta en permanente permuta, la transmuta, la vuelve permeable a los ojos de quien se anime al transpire.

Juana Inés tomó los hábitos hace ¿años? y así abrirse espacio ante aquellos que se proclamaban únicos dueños de la palabra. Juana Ramírez  se deshabitúa,  habita el territorio poético del ahora,  Ramireza se va por las ramas… de rana en rama  profiere Reynaldo Jiménez:

 

 

Deponer tales sitiadas fuerzas de raíces ante el ramaje

hay abra…. habrá…. en abras de la palabra….tan sueñera.

Lo que vuelve miserable al ser es el mi (mi ser hable), hable pues, apátrido todo Ello inseguro, insegura y pierda la piel.

*************************************************************************

*curioso que en alguna versión local el original “Antón” Pirulero perdiera el nombre propio y pase a “al don pirulero”.

** la difícil procura – obrares, expedientes y américas del superreal. Un curso en espiral por algunos realismos (poesía y pintura) por Reynaldo Jiménez durante 2016.

*** EL MONOLINGÜISMO DEL OTRO o la prótesis de origen, Jacques Derrida, Ed. Manantial 1997.

21935545_10155772545265127_1416666631_n

Reynaldo Jiménez
Usted su Ello

Agarre su Ello al dar vuelta la squer.
Una cosa es de sueño, entrerrozar dos silencios
de parva de carcomido cariacontecer, vocerío
común donde cavilan los cadáveres aún inmersos

en el hueso inmanente, con la misma inminencia
que un cosquilleo al ras del costillar o en los castillos
de la orilla, que será un charco
al amenazar sus porvenires.

Sigo que suelta en su delta
de rumor y radiosa
ira, como de abajo
de las plantas, hasta atraparla

con su cascada de emanaciones
de la más cruda puridad y ante
los doctorandos de planta, amén
los gobernáculos y los astrosos

del afinado desastre de un instante
que dilata su Nepal para la estepa
guapa del miraje: Ni falta que hace…
Enveredarse la espera

para azotar el zonerío
más ciego que un cerebro
absoluto cual oído pellizco
mascarada entrópica del cocomienzo:

dirímanse ansí las voladuras
del contagio, el árbol infecundo
que se nutre con espadeos del noctívago,
que ¿quién será: un charco con futuro, un lago

o en tanto médula del saltarínida adecuado
a las posibilidades de la fórmula sagital porque
se agita, es evidente, en la pendiente manera de la horma,
la cual sálese impronta hacia el impacto de las bromas,

las hordas presurosas de su compacta
exigencia en común y porosa y todo late
la desgracia desangelando las piezas
de los inquilinos de la tristeza neutral de qué domingos?

E intiman a afiebrarse los vestigios cándidos, los exactos

pútridos, las máculas nocturnas, las escuelas imprecisas,
los vagares tintos, roncos de aquietarse, ensimesmados.

Tengo que apropiarme del genio maligno que sonríe,
adosarle la penumbra burlesca al cogote lento de su afán.
Diríase que los acentos del sotaque le soplan letra e igual acaba

por olvidar en el cantiño agorero digno de un soplador
de vasos y botellas por el futuro embebidas, emperatrices
del troceado medular que las fatiga al tiempo que las

habla. Habla, háblame, río
de los ollares indemnes, de vagido
violáceo si no morado contra la tumba parlante acá en la silva.

Muchos dicen que no son muchos los que dicen que muchos
dicen. Es el correaje de salida hacia la pátina que engancha
a pura troca los trovares oclusos del mentidero, es el oleaje

que desfija las causas con sus arterias de alerta centinelas
en la fantasma emoción cuando se acotan las cegueras fieles.
Rasque con esmero de prisionero el sobrante

aserrín de estas confianzas, por arte de cobra, de hurgarte…
Agárresele se le lee
Agárresele se le lee

VIDEO REALIZADO POR JUANA RAMÍREZ EDITORA

 

Anuncios