Los raros (en el sentido “dariano”) / Escrituras

En 1893, Rubén Darío publicó en La Nación una serie de semblanzas sobre distintos escritores a los que admiraba. Estas semblanzas aparecerían reunidas en el libro titulado Los raros. El experimento de Darío seguía la línea que ya habían trazado Théophile Gautier con Les grotesques (1844) y Paul Verlaine con Les poètes maudits (1884) y, un siglo después –ya en 1985- el poeta Pere Gimferrer publicó su propia versión de este ejercicio. En el prólogo Gimferrer evoca a Darío:

¿Qué es hoy lo raro, quiénes son hoy los raros? Para Rubén, lo raro y los raros no podían ser sino lo opuesto a la tradición o lo simplemente ajeno a ella. En tal sentido, lo raro y los raros formaban parte de una estrategia respecto a esa tradición; eran fuerzas de choque, catapultas contra las murallas desconchadas de la preceptiva.

Motivados por esta experiencia nos decidimos por remasterizarla. En el presente, víctima de la sobreinformación,  ¿es posible detectar aún algunos personajes de esta privilegiada estirpe? Nosotros  lo intentamos.

 

Ángel Cerviño

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Sin laberinto no hay rigor
José-Miguel Ullán


(1h 21 min 32 s )

no sé / quizá la señal que se queda en la pared al descolgar un cuadro / un vacío / una carencia y / simultáneamente / una irrupción / / algo nos es negado al tiempo que un hueco estriado se delata / / el vigilante nocturno ensaya trucos de cartas sobre su mesita quemada con cigarrillos / equilibrada con un viejo naipe plegado in-cuarto bajo una de las patas / mientras / sin hacer ruido / sin forzar ninguna entrada / el lienzo resulta escamoteado / / estoy durmiendo solo en casa / de madrugada me levanto a oscuras para ir al baño / tropiezo con alguien parado en mitad del pasillo / pero todo sucede en silencio / a cámara lenta / sin aspavientos / sin gritos / sin amenazas / eso es lo terrible / los dos apartándonos / torpes / sedados / apretados contra la pared para ceder el paso / fardos de parsimonia / la extrañeza no puede con la corrección / se mantiene sorda / agazapada / para más inri ya ni siquiera se muestra / en algún lugar hiberna y oscurece / se retrae / se hace más densa / espera su momento / / y cada uno mientras tanto sigue haciendo su vida / cogido del brazo del aguacero / cavando en la dirección equivocada / silbando hasta que escampe / como si tal cosa / / y un día sueña que está muerto / solo dios sabe desde cuándo / pero debe seguir fingiendo que vive y respira / para no disgustar a su madre / sí / “estábamos muertos y podíamos respirar” / he subido un poco el énfasis en esta última frase ¿se ha dado cuenta? / para hacerle visibles las comillas / es un verso de Paul Celan / un poeta judío que acaso usted conozca / claro que él tenía buenas razones para hablar de esa forma / / sí / ya sé / me ha puesto en guardia / repetidamente / contra esta tendencia a camuflar mis / llamémosle así / dificultades / bajo un disfraz literario y retórico / creo que “magnificar” fue el término exacto que empleó / / no / no hace falta que diga nada / sus silencios cambian de tonalidad cuando desaprueba algo de lo que voy contando / tiñen mis palabras y colorean los ecos / / sé que me pierdo con demasiada facilidad / cambio de rumbo (y hasta de bando) / y no me apeo de estas ramas por las que voy rampante / pero me gustaría averiguar dónde comienza lo propio / ahí radica la cuestión / / mientras aguardaba mi turno he estado hojeando esas revistas manoseadas que tiene en la sala de espera / y resulta que / según he podido ver en un artículo de la National Geographic / la

inmensa mayoría de las células que se encuentran en un cuerpo humano ni siquiera son humanas / parece ser que por cada célula propia hospedamos diez o más células de otros seres microbianos / cargamos con varios billones de microorganismos / pertenecientes a miles de especies y subespecies diferentes que / día a día / desde el instante en que comenzamos a respirar y a ingerir la leche materna / se han ido colando dentro de cada uno de nosotros / vamos por ahí como vagones de metro en hora punta / una trama de andenes con servidumbre de paso / / claro que esa no es la razón por la que uno se desmorona / se pierde de vista / o malvive escenificando respuestas emocionales / como el oficiante que se acomoda la barba postiza para la siguiente función litúrgica / / no / no / le aseguro que no estoy tratando de justificarme / / me asusté cuando pronunciaron mi nombre / eso es todo / y ahora he de atenerme a las consecuencias / soy el retén que faltó al recuento / el funámbulo que debía subir al plató después del tragasables / / cuentan que en la rueda de prensa / a la autora de un diccionario un periodista rezagado le preguntó cuánto había de

autobiográfico en la obra / luego todo el mundo reía el chiste / ella también / pero a mí me parece una buena pregunta / / es igual / para el caso que nos ocupa casi todo lo que se pueda argumentar resulta irrelevante / / las opiniones nos tienen a nosotros / y no al revés como tan a la ligera se afirma / / entonces ¿quién habla? / esa es la única respuesta que debería obsesionarnos / / en cada escondite la voz desdobla sus ecos / y uno mismo / puede ahí llegar a sentirse invulnerable / a resguardo / y sentado en su propio regazo / infantilmente almenado / pronunciar sin miedo el inaudible nombre del padre / / hundidos los pies en una niebla baja / pertinaz febrícula que acolcha los golpes y nos corona como perfecto encajador / / sin pestañear amañamos una tregua de resquemores / nos dejamos fotografiar tomados de los hombros / en pose de Caín y Abel / / hemos desarmado en secreto al enemigo / y ahora alardeamos de valor en la cima del parapeto / nadie salvo nosotros sabe que nos estamos jugando una vida de fogueo / / recuerdo haber leído en algún sitio que en 1916 / durante la Primera Guerra Mundial / el estudiante de medicina André Breton / destinado a la sección de neuropsiquiatría de un sanatorio de campaña / con la misión de atender los desarreglos emocionales de los combatientes heridos en el frente / se encontró entre sus pacientes con un soldado / al que sus superiores habían retirado de la primera línea de fuego a causa de la excesiva temeridad que mostraba durante los bombardeos / la explicación que dio a los médicos que lo trataban fue que la supuesta Guerra Mundial no era más que un descomunal simulacro / y las heridas solo maquillaje / por tanto los obuses figurados no podían hacerle daño / / al cabo de unos días admitió / ante la insistencia de los doctores / haber caminado sobre cadáveres en las trincheras / pero objetó acto seguido que bien podría tratarse de cuerpos prestados por hospitales / o cedidos por las facultades de medicina /

enfermos fallecidos de muerte natural convenientemente maquillados / utilizados como atrezo para completar la puesta en escena del teatro de operaciones / o quizá no ser otra cosa que maniquís de cera de acentuado verismo / modelados por expertos artesanos al servicio de la industria bélica / / una bonita historia en medio de aquel amasijo de lodo y sangre / ¿la pezuña del diablo señalando las vías de escape? / / así se encarece nuestro arrojo / nos adornamos con gestos de indiferencia / y sonreímos a los aplausos mientras un señuelo con nuestra cara pintada recibe las punzadas / pero ¿cuál es el precio de la absolución? y / sobre todo / ¿quién va a pagar la cuenta? / ¿y los intereses de demora? / porque todavía no se administra la penitencia en cápsulas / / el puesto de observador sale carísimo / y quién está en condiciones de asegurar que / a fin de cuentas / cuando se cuadren todos los balances / la restitución no va a resultar más dolorosa que el expolio / / al principio todo parece muy sencillo / basta con mirar hacia otro lado y desentenderse de los propios deseos / se hace un hatillo con un pañuelo viejo y se les entierra en una esquina del patio / luego se sale a jugar como si no pasara nada / pero ahí se cerró la trampa / y muchos años después / los necesitas / vas a buscarlos / quieres desenterrarlos / pero han movido las marcas / ha crecido la hierba / se han roturado parcelas / incluso hay quien ha sembrado hortalizas en sus canteros / y ya no encuentras el sitio exacto en que los ocultaste / se queda el jardín lleno de socavones y / como perro que ha extraviado su hueso / duermes embarrado / pateando en el aire / cavando hoyos en sueños / / no sé / algo parecido a prender fuego al sótano para calentar la casa / de primeras parece una buena idea / y luego quién lo arregla / / imposible volver a la casilla de salida / y ya cualquier posibilidad de redención la fiamos por entero a nuestro proverbial despiste / y nos dejamos ir / sentados en la canoa desfondada de la tarde / impasibles / atiborrados de ceremonias / / como si el incendio no hubiera arrasado los parterres / obstinados en regar las malas hierbas / / (¿cómo era aquello? / “el fantasma del jardinero riega la maleza” / o algo parecido / creo que lo dijo una de las locas de Laing / pero será mejor que me lo calle / pasaré de largo / este hombre las coge al vuelo / síntomas como aves anilladas / no voy a

soltar la frasecita / si la reconoce se acabó la sesión / él no hará ningún comentario y yo seguiré hablando / pero nada más oírla habrá decidido que me estoy exhibiendo / y eso le bastará para desconectar / decretará en silencio que en lo que a mí respecta por el día de hoy ya no va a recolectar nada de interés / se pondrá a pensar en sus propios asuntos / a lo mejor en la próxima cita / sí / en esa rubita con pinta de histérica que entró hace un buen rato en la sala de espera / ¿por qué llegó con tanta antelación? / aún tiene que esperar a que yo termine / no saludó / no dijo ni hola / ni siquiera cogió una revista / todo el tiempo se lo pasó mirándose las uñas de la mano derecha / muy concentrada / sin pestañear / como si estuviera leyendo allí la biblia / pues no voy a dejar que esa mosquita muerta venga a pasear sus carantoñas por mi sesión / ¡lo lleva claro! / no voy a dejar que él se distraiga / quiero que el caballero silencioso abra mis nueces / quiero que se lastime los dedos / allá voy) / / sí / nos empeñamos en cuidar la maleza porque quizá albergamos el proyecto encubierto de utilizarla algún día como vallado / / me parece que no lo he dicho nunca antes / pero uno de los primeros miedos de mi infancia no era sino pura maleza / y su amenaza fue durante varios años el centro / o al menos uno de los centros visibles / de los temores secretos de mi niñez / / ahora le llamo la puerta de las zarzas / antes / como los buenos terrores / no tenía nombre / y en aquellos tiempos darle algún nombre no me iba a sacar de apuros / / yo cargaba todo el día con mi gran cartera de niño de suburbio / siempre en las afueras de algo / pateando piedras en los descampados de

extrarradio / con un pie a cada lado de la línea / deambulaba en tierra de nadie / con los deberes sin terminar / haciendo equilibrios a horcajadas sobre alguna cerca / / y la puerta era eso / una puerta / apenas un dintel de piedra sostenido por un pequeño tramo de muro / lo único que restaba en pie de una vieja casa desmoronada / ocupada toda su planta por espinosos arbustos y matorrales que crecían allí de forma desbocada / como si quisieran replicar / en clave doliente / el volumen interior de la antigua vivienda / / en el vano de la entrada una endeble estructura de tablas podridas y encorvadas / que en algún lejano momento habrían servido de cierre legal y de puerta figurada a la ruina / actuaba entonces como barrera de contención de la masa de zarzas y retamas que / empujando desde el interior / ya desbordaban el umbral / eso era todo / / bueno / no todo / también estaba anocheciendo / ¡qué pronto anochecía en mi infancia! / y la puerta daba a un estrecho camino sin asfaltar que yo debía cruzar cada tarde al regresar a casa del colegio / y el último poste con una bombilla oscilante quedaba muchos metros atrás / y las primeras luces del barrio muchos metros por delante / y en primavera las zarzas florecían con unos minúsculos pétalos blancos que se agitaban en la oscuridad / y entonces la puerta resultaba / si cabe / más amenazante / / ahora sí / eso era todo / / lo curioso es que esta es la primera vez que hablo de ello en casi cincuenta años / no es fácil hacerlo / cuanto más cerca de uno mismo se habla / más maliciosas e indóciles se vuelven las palabras / / supongo que lo mejor es dar varios rodeos y dejarlas que se confíen / amagar / hacernos los remolones / que parezca que estamos tratando de cualquier fruslería que ni nos afecta ni nos incumbe / / hay que tomarlas por sorpresa / no fiarse nunca de sus aparentes facilidades / observar todas las precauciones / ¡enseña la patita por debajo de la puerta! / las palabras siempre están tramando algo / ellas

tienen sus propios intereses / conspiran en reuniones clandestinas / asambleas que se celebran en nuestra mente pero a las que nosotros por regla general no estamos invitados / intercambian entre ellas mensajes cifrados / que ni siquiera sabemos interpretar cuando los interceptamos / aposta nos desorientan / se hacen las encontradizas / saben muchas historias de ausencia / juegan a los andenes simétricos para trenes contrarios / se espolvorean las garras con harina / conocen mil artimañas / dicen de más para que entendamos de menos


Magdalena Chocano

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XIII

 

De pronto soy la peor voz
la más agraz
la condenable
que acomete el muro de las lamentaciones

Se quisiera escuchar un canto/ una oración
antes que el ininteligible tumulto lapidario
que asuela superficies

El muro ignora si me lamento
……………………………….si me maldigo
……………………………….si impreco o lloro
pero teme a mi bronco soliloquio
como a un juramento de demolición

 

XXII

 

Hegemonía

Ululas
el roce veloz de tu falda en hoscos sueños de acoso
un imperio de violencia se desborda sobre tardos enseres
Ni aun sujetando tus manos temblorosas de furia
doblegaré el miedo en mi corazón
de cada añico de mi espejo
tu imagen cencida reflorece
donde eres más fuerte eres más vulnerable
jamás hubo dominio
no lo habrá
………………………………..si la euforia es tanta
………………………………………………………………….si está
…………………………………………………………………………..si nos habita

Yo soy la Distancia
y permanezco en las afueras
esperando la paulatina calma

Desde aquí vislumbro tu rojizo cabello
que se esparce en los cielos
la luz no lo conmueve

………………………….Pasa el tiempo
Bendito el Artilugio de tu veste escarlata
……………………………………………………..oh reina
a orillas de los ríos lavas tu traje
la sangre se diluye
humedeces tus sienes pálidas
tu tersa nuca

Nunca hubo herida
era sólo el rosado sol del orto
relampagueando en las aguas
no habrá resquemor
sólo un canto impenetrable y lúcido
conmueve la anchura de la tierra

Te yergues

la asesina
la serena hacedora de los días
la inefable
sólo yo yazgo desangrándome
mientras la noche me devora los ojos
y agoniza

 

 

40

Conjuro del deshauciado…

Conjúrote puerta umbral
Para que guardes el divino nombre oculto impronunciado
Númen ácrata sol negro secta dañada
Yo os conjuro con mi voz más luminosa
Para que el metal no toque mis falanges
[el oro es hierro y el hierro mata–]
Jamba perfecta sé firme duradera
Líbrame de mis amigos
Y del sol blanco y paranoide
Que celestiales horas no me toquen
Goznes resplendentes evitádme
Huidizo muro torre abrumada y viudo nerval
Que yo sobreviva en la membrana intacta de la mente de Dios
Aquella que humano aliento no empaña
Haz que repose en su desemejanza
Ésa
La más sutil la más terca
La que no quiso recrear en su criatura

 

 

Frido Martin

frido


easick (of you)
Ya cuelgan en cables, lisas, las carnes,
y con los guisantes plañen las frondas;
mas hiédenme los aires
sin niñas ni frescas contemplaciones,
pues por algo hinca el vientre y vibra el árbol;
y heme aquí bajo el eclipse de luna,
atrapado entre arrecifes,
resignado respirando
a brisa lenta
que sóplame el estambre de la vida
por entre la afanada ruta menor,
y por más que grito,
clamo y vocifero
sin pena ni gloria
entre estas paredes
de tu ventosa,
a mengua de dorso, de panza y de piel
o de carne.

 

poema del naufragio

Urgiendo las ubres harto finibles,
andando el mundo voy
en busca del rango y del dominio
entre estas mis hermanas las vacunas
y los pingües militantes de mi grey,
aunque ignaro sin par
pues sabe Dios qué récipe secreto
ejerce su dominio cual esfera
grave sobre hombros
del único Atlas perdido sin más
entre estos otros cubiertos de polvo
libros de mi estante,
pesados por tragar tanto dilema
destos que incansables me atribulan
(ubres igual que hombres)
tanto cada día,
que no será el rigor de los guarismos
quien dé con la exacta trompa en la ubre
o con la precisa ubre en la trompa,
sino desta vieja mole el reventón,
llevándome a los fondos de los mares.

Así sopesaré yo mientras tanto,
que si es que acaso
pocas reses nos atan por las ubres,
humano el señorío permanece,
según el lapso destas mis hermanas;
mas si es que pocas testas de mi grey
no muestran desapego por las ubres,
bovino es el imperio sobre el orbe,
según el lapso de los humanales.

Y, aún así, la arcana formulilla
ni el hórrido naufragio desta mole
podrá ni desvelar
una pizca siquiera,
ni por tantos hambrientos de mi grey
ni por los vegetarianos.

 

sextina de la cosita

Dad vuestra cosita;
dadla, mamacita,
bajo este cielo,
ciego, gris y brutal,
desta loca villa
de Juana la reina.

Sois vos la resera,
en esta comarca
o en cualquier otra,
la única dueña,
de la cosa vuestra
y destos mis restos.

Picadme el resorte,
el resorte final,
del cuerpo que guardo
bajo esta alma,
que así quizá nazca
la gloriosa causa.

 

entre los fueros de la botella

Bajo el sol criminal de febrero,
tras largas travesías y naufragios
desta nave sedienta y sin ojos,
apareces sin la menor sospecha
entre los fueros de una botella
al garete en los mares de Lima.

Es así que tú eres la enviada,
hija, como yo, de Juana de Aragón,
como todos los limenses de acá,
vástagos por igual de Taulichusco
y Felipe el hermoso putrefacto,
que pasea nuestras penas por doquier.

Mas no somos ni Carlos el Habsburgo
ni su hembra mitad ni su mitad macho
ni esta luna orfana de noche
do yacen los cuerpos en ánima vil
que somos tú y yo, sin par hambrientos,
desolados puertos sin sol ni olas.

Y así, tras los fueros de la ampolla
que levanta tu sed innominable
cual estos granitos míos en mi piel,
y entre tanta agua entre agua,
llegas tú, amiga mía, mi amor,
magma de Vulcano, el solitario.

Y hete, pues, aquí me despertando,
luego de tu mágica epístola,
tanto el volcano de la péndola
como el volcano del loco amor
que por igual dan alas al rastrero,
transubstanciando el cuerpo y la sangre.

Y, aún así, Gabriela, amiga,
ni tú ni yo sabemos un poquito
si tú y yo al fin reventaremos
el uno en el otro y en sollozos
o quizá nos resignemos tan sólo
entre los fueros de una botella.

 

Alerta de Tsunami

Alerta de tsunami, caballeres,
mujeres caballeras y varones,
que amáis a caballeres tutto il giorno,
aquí en la posada, caballeres,
aquí en la posada de tus ojos
aquí en estos ojos que sonríen
igual a la posada de tu mano
que insufla mis caderas de azafrán
y mirra y canela y esperarte
aquí en la posada de mi escucha
en tanto traquetean los adornos
en esta vieja ménsula en el muro
nel muro dos lamentos donde gimes
do gimes esta alerta de tsunami,
alerta de tsunami, caballeres

 

Poema contra las cajas

Las cajas ciegas que caen en los mares
se estrellan contra las olas a solas.
Las cajas ciegas que caen en los mares
no caen en mares mas igual se estrellan,
se estrellan solas con sol o sin sol.
Las cajas ciegas que caen en los mares
quizá no son ni cajas ni misterios
que ocultan las estrellas, las astillas,
del cielo a solas y sin suelo a salvo,
a salvo de los cuerpos que de ánforas
cayendo van de las estrellas solas,
de estrellas que no son tales ni astillas
de ánforas que caen y revientan
en olas que azotan acantilados.
Y contra olas a solas si sales,
astillas solo bajo las estrellas,
las cajas ciegas que caen en los mares.

 

Poem para te masticare

Chanfle chisca el chifle en esta cháchara
entre chuscas chulpas moledoras:
moridoras tártaras sin sueldo,
moridoras tártaras sin sol.
Solo así someten choros changos
chanchos guachimanes curruscantes
entre tus muelotas quebradizas
al chancar el combo alimenticio,
misio y sin embargo cumplidoro,
cumple-y-dor de ti, cumple-y-dor de mí,
chino de la risa al masticare.
Caros pues resulten los anhelos,
caros a mi carga los anuelos:
chanque de tu mitra al masticare.

 

 

 Felipe Polleri

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La vida familiar

EL OTRO DIA, el otro día fue hace un año o dos, me acerqué al micrófono y dije:

—Tengo algo que decir sobre las personas de la tercera edad, sobre el adulto mayor.

El muchachito de la radio, seguro de que iba a decir las pavadas que dicen los viejos, se había ido a buscar una lata de cerveza o a charlar por ahí con alguna putita.

—Los viejos —dije—, esos cerebros de mosquito con orejas de elefante fueron o son ministros, jueces, presidentes, veterinarios, abogados, cirujanos, filósofos, profesores, grandes y pequeños comerciantes, literatos, estancieros, industriales, cancilleres, obispos, embajadores, etcétera. Esos viejos de mierda —dije—, que fueron adultos de mierda, jóvenes de mierda y niños de mierda, se dedican a llenar las salas de espera de los hospitales y los sanatorios para matar el tiempo perorando sobre sus enfermedades —dije—, cuando no están amargándoles la vida a sus hijos y nietos y bisnietos con sus mezquindades e idioteces o escuchando —dije— a todo volumen esos varios miles de programas radiales y televisivos centrados en el cáncer de próstata y de colon, para no hablar de la así llamada “calidad de vida” del adulto mayor, de la fruta y la verdura —dije—, pero si este es un país de viejos —dije—, de viejos y viejas, de urracas viejas y de cuervos viejos, es porque los bebés ya sueñan con ser empleados públicos jubilados, después de ser empleados públicos corruptos, NUNCA FUERON NIÑOS; viejas, siempre y viejos, siempre; viejos cuervos y viejas urracas y cacatúas. Viejos chimpancés, viejas comadrejas, viejas hienas y viejos esqueletos de momia jorobada de camello —dije—, animales invertebrados como esos soretes de perro que reptan hacia la mitad de la vereda para ensuciarnos los pies, las chancletas o el único par de zapatos rotos que tienen los enfermos mentales como yo”.

“Este es un país de viejos malvados —dije—, aunque tengan cinco o diez o 15 años de edad —dije—, son alimañas viejas —dije—, alimañas rastreras y alimañas trepadoras. Se odian entre sí —dije—, odian a sus padres y a sus hijos y, sobre todo, me odian a mí porque soy joven, hermoso y extranjero y porque no soy un viejo ladrón como ellos, todos viejos ladrones desde que nacieron —dije—. Por lo tanto, la Organización de las Naciones Unidas tiene que salvar a la Humanidad de este virus exclusivamente uruguayo, pero transmisible, y me río del sida o el ébola, la ONU tiene —dije—, tiene que planear y ejecutar el total exterminio de todos los pobladores de este país infectado hasta la médula de la masmédula, Uruguay —dije—, Uruguay, ese virus con tres millones de portadores, etc, etc”.

Ahí el muchachito, y un par de viejos de unos 30 y 50 años, respectivamente, me arrancaron de la silla y del micrófono, y me llevaron casi en andas hasta la puerta de la radio comunitaria. Seguramente, algún viejo de mierda había llamado a la radio comunitaria y habría gritado que un degenerado estaba diciendo inmundicias en el micrófono de la radio comunitaria, la radio comunitaria antedicha. Agrego que, mientras desarrollaba mi discurso, me había fumado un par de cigarrillos; delito penado severa y sumariamente por la Constitución. Los había apagado a escupidas y puesto con el mayor orden, uno junto al otro, en el lugar de la mesa en que debió haber un cenicero.

Fumo, claro que sí. Fumo tres cajas de cigarrillos al día y como fritos con mucha sal, y me bajo un litro de vino todas las noches. Ya sé, idiotas, que estoy perdiendo el hilo… Es la edad. No soy el escritor que fui (hace 40 años y pico). Tengo el cerebro apolillado. Además, estoy loco. Siempre estuve loco. Nací loco para decirlo todo de una vez. Tengo la “personalidad escindida” desde que me besaron los ángeles.

Todas las noches, antes de mi litro de vino tinto, salgo a caminar y a fumar, es decir, a asesinar a los fumadores pasivos. Elijo con mucho cuidado a mis víctimas, como es hábito entre los asesinos seriales.

 

Gran ensayo sobre Baudelaire (una novela histórica)

Construyeron, dijo, una trampa para él, en la que sólo Baudelaire podía caer. Los demás pasaban a través de las rejas sin verlas; ni siquiera veían los granos de alpiste en el suelo de la jaula, dijo, Baudelaire, dijo, se encontró de pronto en una jaula no más grande que su cabeza: el tamaño de la Obscenidad. Y lo acusaron de Obscenidad, para cortarle la cabeza. Se rió, moviendo la cabeza. Y lo condenaron, dijo. Y tuvo que pagar una multa y arrastrar su valija.

Arrastró su valija, a cada paso más gigantesca, deforme y monstruosa, más pesada y negra, mientras lo apaleaban, fuera de la ciudad de París. Kilómetros y kilómetros, hasta las afueras de París. Baudelaire tiraba para un lado, y la valija, como una giganta, tiraba para el otro. Docenas, cientos de ejemplares de Las flores del mal, apretados, asfixiados, en la valija, empezaron a construir casas y puentes, diques y torres, calles e iglesias, parisinos y parisinas, mercados y ríos, adentro de la valija: a cada paso más gigantesca, deforme y monstruosa, más pesada y negra… Fuera de la ciudad de París, en la campiña francesa, un Baudelaire desnudo y lengua afuera, recibió otro palazo y la orden de juntar leña francesa.

Así, en la campiña francesa, mientras lo apaleaban, como a uno de esos perros flacos (o camellos o moscas o leprosos) que tiran de las valijas de los perseguidores, mientras lo cubrían de insultos y salivazos, Baudelaire hizo una pila de leña francesa grande como una montaña francesa y puso encima una montaña de libros, todos los ejemplares de Las flores del mal, y los roció con un “líquido combustible” (los biógrafos disienten) y puso fuego a la obra de su vida. Como yo hice cenizas la obra de mi vida, dijo. Sólo humo, dijo. Y Baudelaire se apartó y “lloró amargamente”.


El “aquí” baudeleriano, exilio de un allá ideal, feliz, puro, etcétera, dijo, etcétera, el “aquí” nunca fue otra cosa que la expulsión de la Gran Valija, dijo. Se rio, moviendo la cabeza. La valija primigenia de la que fue expulsado Baudelaire fue el seno materno: el hospitalario útero de la Giganta, que Baudelaire se vio condenado a arrastrar en cada una de sus incontables mudanzas. Baudelaire tiraba para un lado y la valija, como una Giganta o un camello, tiraba para el otro. Esto, dijo, según la interpretación psicoanalítica de algunos, dijo, la mayoría de los biógrafos, dijo. Opino, dijo, simplemente, que el “aquí” es la mugre, típicamente francesa, la más insalubre y hedionda del planeta, dijo, la mugre parisina en particular, y la mugre francesa en general, de la que Baudelaire quería fugarse navegando hacia un país donde el baño fuera, al menos, una práctica semanal. Otros estudiosos de Baudelaire sostienen que el “aquí” terrestre y aburrido, debe contraponerse a un “allá” celestial y en permanente movimiento giratorio alrededor del Altísimo, dijo. Otros expertos, por fin, aseguran que el “aquí”, reino infernal de la naturaleza, la mujer y la lujuria, es el opuesto a un “allá” que, lejos de residir en el pasado, cruelmente gobernado por Las Madres y, entre ellas, Caroline, dijo, un “allá” desconocido, ignoto, porque es futuro, dijo, pero que al menos permite alentar la esperanza de verse libre del reinado de Las Madres o, mejor dicho, dijo, de Las Valijas, porque Las Madres son Las Valijas que, de mudanza en mudanza, uno debe arrastrar por las calles de París. Valijas gigantescas, deformes, monstruosas. Uno tira hacia un “allá”, y la valija (como una Giganta) tira hacia un “aquí” de abandono, soledad, insultos, humillaciones, dijo, y guillotinas.

    dicho esto dijo debo agregar dijo que la necesidad más fuerte de la especie humana dijo es humillar a los demás dijo su bajeza los abruma tanto que necesitan constantemente ver a alguien por debajo de ellos dijo a los mejores dijo a jesucristo dijo y a baudelaire dijo se rió moviendo la cabeza a artigas a van gogh dijo y a mí mismo dijo necesitan verme por debajo de ellos como dijo si fuera recién nacido dijo a los más indefensos dijo a los más inofensivos eligen a los más enfermos a los más buenos etcétera, etcétera, etcétera, etcétera, etcétera, etcétera, etcétera, dijo los odian los guillotinan los echan los apalean a los locos a los sordomudos a los mancos a los jorobados a los santos dijo a los enanos a los moribundos a los borrachos a los epilépticos a los rengos dicho esto dijo debo agregar que eligen sobre todo a los niños dijo

Según los diferentes biógrafos, Baudelaire dictó tres, cinco u ocho conferencias en Bélgica. El Demonio y su cerebro, roído por la sífilis, de pronto llenaban la sala de atentos oyentes, de pronto la vaciaban para llenarla otra vez, cada veinte o treinta segundos, dijo. Un momento, a sala llena. Quince segundos después, a sala vacía. Baudelaire, imperturbable por fuera, como un buen dandy, estaba con los nervios destrozados frente a esa sala que se vaciaba y se llenaba, como por arte de magia, artimañas del Demonio o de su cerebro, roído por la sífilis, como si la concurrencia pudiera hacerse visible o invisible a voluntad. Al principio, de su octava conferencia, porque era la octava, los asistentes reaparecían en sus respectivos asientos, dijo.  Los de la primera fila en la primera fila. Los de la segunda fila en la segunda, dijo, etcétera. Después, todos los oyentes de la primera fila reaparecían en la segunda fila de asientos. Y los de la segunda fila de asientos reaparecían en la primera fila. A medida que avanzaba la conferencia, el juego del Demonio se hizo más desconcertante. Los de la primera fila en la cuarta, los de la séptima fila en la primera, etcétera. Una vieja con un sombrerito rojo, con una pluma azul, fue su punto de referencia. El sombrerito saltaba de una fila a otra, con la vieja abajo, en forma completamente aleatoria… Luego, fue una niña la dueña del sombrerito que saltaba, como una cruza de alimaña y pájaro, de una cabeza a otra. Después, la sala vacía. Enseguida, la sala llena y el sombrerito en la cabeza del bedel que, dijo, sin razón alguna, abría y cerraba la puerta de la habitación cada tres o cuatro minutos. Baudelaire, con los nervios de punta, devastado, creyéndose a unos tres o cuatro minutos del desmayo, casi se veía despatarrado en el piso de la sala, mientras sus apuntes que habían volado de sus manos lo sobrevolaban, planeaban lentamente como avioncitos de papel, sobre el cuerpo de Baudelaire que, como un títere con los hilos cortados por el Demonio, estaba derrumbado en el suelo, no muy limpio, de la sala de conferencias. Pero, vencida esta alucinación, siguió hablando solo en la sala oscura, vacía, dijo, oscura porque el bedel ya se había llevado la única lámpara y vacía porque tal vez, dijo, siempre había estado vacía: desde el inicio mismo de la octava y última conferencia. Una bola de papel, lanzada desde la izquierda, le acertó en plena cara. Baudelaire, imperturbable, siguió hablando frente a la nutrida, a veces, y a veces inexistente, concurrencia. Otra bola de papel en el pecho. Inexpresivo, imperturbable, se gachó a recogerla y la volvió a su estado original, es decir, la alisó con la palma de la mano sobre el escritorio que, rengo y cubierto de rasguños e inscripciones insultantes, porque sin duda era un escritorio sacado de un aula escolar o liceal, arrastrado lenta y ruidosamente por el bedel, un hombrecito gordo y calvo, mal afeitado y con una túnica escandalosamente sucia, arrastrado por el bedel en mitad de un pasaje esencial de la conferencia, cuyo remate no pudo ser oído por los oyentes, dijo, Baudelaire alisó la hoja y vio que era la página 47 de Las flores del mal, primera edición. Como estaba de espaldas al público no pudo ver quiénes, desde diferentes puntos de la sala, le tiraron más bolas de papel, una docena, por lo menos, flechas de papel, algunas encendidas, trozos de tiza, muchos, tiza blanca y tiza de colores, con menor o mayor puntería. Al volverse, sorprendió al bedel con un brazo en alto y una tiza roja entre los dedos, gordos, índice y pulgar. El bedel carraspeó y guardó la tiza en uno de los mugrientos bolsillos de su túnica y se dirigió al escritorio, recién traído, para llevárselo, arrastrándolo lenta y ruidosamente, mientras Baudelaire leía el mejor párrafo de su octava conferencia, que nadie pudo escuchar. Frente a la sala, ahora vacía, pero enseguida llena, imperturbable por fuera, llorando lágrimas de tinta por dentro, lágrimas negras como su vida, el pobre Baudelaire siguió hablando solo: con una línea gruesa de tiza blanca en la frente y de tizas de colores en el irreprochable traje negro. Con los nervios deshechos, con manos temblorosas sosteniendo papeles temblorosos, con un hilito de voz quebrada, pero inexpresivo, imperturbable, siguió oficiando la misa. El traje se había convertido en una sotana, aún más negra, de ser posible, que el traje, y la sala de conferencias se había transformado en una iglesia en Namur, Bélgica. Había pocos fieles; un hombrecito gordo y calvo, una vieja con un sombrerito rojo adornado con una pluma azul, una niña que hablaba con su muñeco, etcétera, etcétera, la Virgen María con un niño de pecho en brazos, tal vez uno de los hermanos de Jesucristo, el coronel Aupick y Caroline, Madame X y una de sus pupilas más jóvenes, etcétera. Se desplomó. Ya no podrá hablar más, dijo. Nunca recuperó el uso de la palabra, dijo. Mudo, idiota, cuidado por su madre, vivirá un año o mil, decapitado, acostado, la cabeza mal unida al resto, hasta el 31 de agosto de 1867.

 

Emilio Lafferranderie

emilio

 

menos que una particularidad
un costado disponible
una propiedad del clima

a saber
el carácter presente
su gusto su paz interrumpida
modos sellados y disidencias

mapas vivos de cualquier clase

 

 

 

trata sobre una parte común
y un espanto distinguible

momentos recién desocupados
informes que caducan y olvidan

trata sobre lapsos estables y agua

la ceguedad saciada
lo menor de una frecuencia
áreas mejoradas por accidentes

 

 

 

una superficie sin vientos previos
un principio excluido

conjuntos que no demandan un sitio
ni un resultado

preferible seguir el aspecto
descartar una mirada

días de un solo material

pasos que no adquieren intervalos
y ríen de un retrato o un pensamiento

 

 

 

partir algunas respuestas
suplantar lugares acentuados

hacer de una línea una región
una sede simultánea

sin abundar encima
sin origen ni voluntad

partir de ocasiones
hacer la vida admisible en un cuarto

 

 

 

juegos seguramente

omitir una estatua
adoptar órbitas abandonadas

pasar del método al pliegue
y no alcanzar un tema

pocos usos de la gravedad
pocos instrumentos

trabajar la mano con el ojo
llevar una diferencia a otra

 

 

 

pensar la influencia de una lesión
la escasez de un hilo
los equilibrios accidentales

pocas cosas peores que un gesto
o un relato
o una secuencia de hundimientos

pensar aquello que ya no ilustra
y sólo es apto para el itinerario

la lengua sin terminales
el ejercicio privado

 

 

 

mapas reservados para otra vida

el trabajo de una operación
en un momento abierto
en otra modalidad

 

 

 

índices de un factor no localizado
el organismo impreso
el par de sedes de nacimiento
y una elipsis y un deterioro

formaciones desorientadas
anudan restas con deshechos

el ánimo omite una pieza
muda su suerte y alcanza un retiro

 

 

 

ríe a pesar de lo medible

el suelo ejerciendo una paradoja
la traducción y la experiencia en común

lo perfecto móvil y el afuera

registrar apariencias halladas al tacto
hacer impracticable el espesor

dar un golpe por siempre estacionado

 

 

 

agregar además un cuaderno
sumas rotas y vidas proyectadas

las cuadras no ejercidas
los diques y la secuencia de espera

nada serio por coleccionar

muestras de un episodio neutro
casos sin prisa ni orden de lectura

la acción de algo otro
el hábito hacia el  llano

 

 

 

el efecto es un juego

no decir a menudo
no constituir disecciones

bloques menos identificables
cenizas casi selladas

 

 

Luis Alberto Arellano

arellano.jpg

Efecto nocturno

No mire a sus espaldas/ no hay nadie
No camine a sus espaldas/ no hay nadie
No entienda las voces a sus espaldas/ no hay nadie
No finja conocer el barrio a sus espaldas/ es de Nadie
No mire de frente a los hombres a sus espaldas/ se llaman Nadie
No esconda sus plumas en el puño cerrado a sus espaldas/ el muro es de Nadie
No escriba su nombre completo a sus espaldas/ es lectura de Nadie
No escuche consejos de viajeros a sus espaldas/ es tierra de Nadie
No pague con billetes en público a sus espaldas/ nada es el valor de Nadie
No vaya a lugares públicos a sus espaldas/ el festejo es de Nadie
No se quede en casa solo a sus espaldas/ lo visitará Nadie
No encienda aparatos electrónicos durante el despegue a sus espaldas/ el vuelo lo pilota Nadie
No recline su asiento antes de que se encienda la luz roja a sus espaldas/ caemos por culpa de Nadie
No registre su teléfono a sus espaldas/ es trabajo de Nadie
No espera detrás de la puerta a sus espaldas/ la escucha es para favorecer a Nadie
No intente esto en casa a sus espaldas/ usted vive en casa de Nadie
No discuta cuando le pidan sus objetos de valor a sus espaldas/ Todo pertenece a Nadie
No exponga a sus hijos al fuego a sus espaldas/ la materia es porosa como Nadie
No se deje al alcance de los niños a sus espaldas/ la precaución es objeto de estudio de Nadie
No contesté el teléfono a cualquiera a sus espaldas/ su posición en el mapa es saber de Nadie
No camine por calles sin iluminación a sus espaldas/ la oscuridad es premisa de Nadie
No finja que sabe la respuesta a sus espaldas/ la pregunta la formula Nadie
No negocie con terroristas a sus espaldas/ no tiene permiso de Nadie

 

Celebración 

Es particular entre las normas oraculares que se tome el dicho de un hígado multiforme por bueno

No importa si el ganado ha sido sometido a estulticia vegetal o se ha impedido de la acción heroica de la guerra entre iguales

Ni las sustancias prohibidas son todo lo prohibidas que dice la propaganda comunista Ni el ardor en los ojos es consecuencia de la lluvia química producto del desaseo moderno

Toda ola contienen en sí misma su reflejo e índice como un pequeño manual de instrucciones Es compromiso de los ciegos tomar partido por todo lo escrito en ellas De lo contrario la furia de los ciclos hará que los elementos desbocados no reconozcan origen ni celebración alguna

Sometidos a este rigor de creencias el ayuno cobra sentido de responsabilidad cívica y el castigo corporal es una minucia para quejosos sin vocación de servicio

Mal visto por sus pares el amor entre miembros de la familia debe ser reconocido como un elemento de distrofia muscular avanzada a fin de que la población someta sus deseos a la delirante producción masiva de glosolalías en público

 

Tipos duros

Usted llegará esa noche temprano a casa.
Festejo, emergencia o flujo hormonal.
Encontrará todo dispuesto.
Festejo, emergencia o flujo hormonal.
Cada evento tiene su lenguaje que lo distingue de los otros eventos.
Cada evento tiene sus protagonistas y sus antagonistas. Unos buenos, otros malos.
Así funciona el entretenimiento masivo.
Signos reconocibles: el color de la ropa, el tipo de peinado, si tiene vello facial o carece de lo mínimo varonil.
La música incidental es propia de las producciones caras.
Usted llegará temprano esa noche a casa.
Celebración, apuro o líbido.
Los colores ocres y las combinaciones chillonas señalan culpable.
Usted llegará esa noche temprano a casa y encontrará un objeto costoso decorado con grandes piedras que sean signo de la entrega al capital y sus ciclos.
Ese objeto decorado será un arma o una joya o un instrumento de placer destinada al ocio contemplativo.
Usted recibirá una llamada que lo apure a llegar a casa.
Amable, cínica o provocadora.
Una llamada que haga que tome todo por perdido y se dirija con premura a su casa.
La voz en el teléfono es la organización material del evento.
La voz en el aparato es la consecuencia práctica del evento.
Todos los eventos serán organizados de acuerdo a los flujos de personal que se adecúen a la sociedad en curso.
Usted llegará a casa con tiempo para resolver imprevistos.
Cosas que no son de uso cotidiano.
Como joyas o armas o dildos. Usted llegará a casa con tiempo.
La fantasía confirma la regla: todos somos puntuales.

 

Mecanismos de cocción lenta 

y de pronto la vida muerta
en mi plato de pobre hombre de los témpanos
un magro trozo de celeste cerdo albano
aquí en mi plato
lo invito a pasar a mi plato
le explico las reglas de mi plato
le ofrezco asiento en mi plato
le abro las entrañas en mi plato
y de pronto las municiones muertas
en mi plato de pobre bestia de los bosques
un magro trozo de celeste cerdo hembra
aquí en mi plato
tantas historias en mi plato
negros indigeribles milagros
y la estrella de oriente
que también se mastica
y tiene gusto a polvo cósmico
emparedados
y el hueso del amor
que se encuentra en medio de las cervicales
lo extraigo con mi grande y pulido cuchillo
de combate
limpio la pobre sangre indigerible
en mi grande y pulido pantalón
de combate
tan roído y tan duro
brillando en otro plato
esta hambre propia
existe
es la gana de proteína
que es el cuerpo
que es el enemigo
abierto como magrotrozodecelestecerdo
en mi plato de pobre
no hay otro aquí
en este plato vacío
sino yo
devorando mis ojos
y los tuyos

 

Scrito con ceniza 

Lo feliz me viene del lado materno:
Todas esas charlas al filo de la mesa
dieron para un hijo y ciertas noches,
en que, por temor a la oscuridad,
escondía mi cuerpo desnudo en los límites
de una mujer desnuda (creía que la luz llama
a la luz, por tanto frotaba hasta encenderla).
Con el resto de las cosas tengo problemas:
Mi memoria no sirve, recuerdo todo una sola vez
y luego olvido hasta las letras del alfabeto.
¿De qué color es la moneda que sostengo en mi mano
izquierda?
¿Qué es color, qué es izquierda? corro a preguntarme
en voz alta.
Tampoco sé volar.
A veces bebo y bebo,
hasta que el orden vertical del mundo
se altera: lo bajo por lo alto, o los costados en el cielo.
Entonces el mundo es de agua y corre vertiginoso
en espirales que se hacen más grandes.
No controlo mi risa en lugares públicos
y mis palabras ofenden a las colegialas.
También desconozco mi nombre o el significado
de estos papeles.
Olvidaba, es cierto, ya lo dije, que estoy loco
y tengo un miedo personal a los aviones

 

Escrito en el polvo

Caminamos oscuros por el bosque.
Atrás quedó el campamento donde
todos bailan y ríen junto al fuego.
En un claro encontramos un grupo grande de luciérnagas.
Sus cuerpos encienden y apagan un ritmo
pausado que parece un mensaje a los cielos.
Mi hijo grita y señala el abrasarse,
como teas al viento, de los bichos.
Parece que los cuerpos interrogan a las estrellas
por el paradero de Dios.
Algo urge que le comuniquen.
La noche nada responde.
Sólo el croar de algunas ranas
y el parloteo inútil de las aves en la enramada.
El aire sabe a sal como una lágrima.
Amenaza lluvia y la inminencia todo lo cubre.
La mano de mi hijo en mi mano
me salva del mudo abandono de las estrellas.

 

 

Santiago Pintabona

santiago

La sedante del pacto

(fragmentos)

inaprensible abecedario tu foto, duraznero mediano que sombrea, líquidas zonas, en la vecindad, trasmitiendo puro y olvidado recuerdo, “muerdo”, yo estuve allí, procesión de caricias instinto, bellísimosolo, contra el aire sin fondo el horizonte, y pájaros intermitencia, latidos, mirada rasgada cada pulso, que concreción se logra y altísimo es el mundo donde ocurres asusta

*

cada vez más, lo raro en quien se separó, apuntalando el proyecto en el misterio cotidiano y lentitud, ves que también aumenta, lo decreciente no finge, aspira solamente a que tú y tus ojos descubran, abran el velo, y si ves en la corriente jamás será tu viaje lo que cuida, separando inertes de pura lozanía, que brinda con el día y ni pregunta ni oculta, allí, de alguna manera piedra en preferencia, detalles, si el avance de luz carboniza lo que buscas, lo que ya tienes en tus manos, a punto de extinguirse verás

 

*

enciendes, llama del pasado, recuerdo fogata que regresa, olor del calor, plena oscuridad a pasos de distancia, rodeandoté, y como tú comes, alimenta la noche la penumbra, la duda que te ayuda, frío, soportando el consabido temor de estar, entre piedras inhumanas y ramajes que a la tenue luz son, sin origen frondas, flotantes pinturas en la miniatura de la noche si tus ojos arriba

*

hubo un día, repito, lo hubo para ti, quizás ya percibías, quizás, leyendo perdiste aquello por lo que te fuiste, al bosque solo con cuchillos con linterna, son árboles, y así estarán, callados en tus labios golosina o silencio que en sí, no tiene manantial son, así, árboles son árboles

 

 

Poemas lugareños

 

hoy a saber

dos iniciativas distintas

nos cambian la sede
nos mudamos pasado

iluminan

y la escena envuelta se adelgaza
y pálidamente recuerda lo que fue
algún jueves suyo

o fue quizás hoy…?
a la mañana…?

me despierto a las 6
meditación
después
y menos almuerzo cada vez

y?

¿el señor se decidió?
¿chacabuco o almagro?

en otros barrios no
no hay nada

la biblioteca recupera su anchura
al dar las dos
entera
y empieza a correr el viento por la sala

carreras con jimenez
los muebles y el viento los nenes
que denpenden
de alguna parte
de todo esto
de lo que charlo ante ustedes mientras me peino.

 

 

 

tenemos a la diplomacia y a la medicina encima
¿nos quieren regalar al exterior?
no
nos echan a los fuertes vientos nomás
y al dinero suelto
que flamea
plaza
donde ví
pálidas en cantidad
cuando insistí de pibe
me dieron la explicación renga
ésa
en la escuela y en colegios
de mecánicos o de músicos ya yo grande
los únicos
en no mentirme en la fiesta
cuando yo me recibí en el 65
y sigo con los huesos pelados
y me despeino y me pasan las manos por el cuello
por el cuerpo
porque por culpa de mi actitud
dicen
ante una tal María Marta Bitina
en la clínica de colegiales
estudiamos lo mismo.

 

 

 

vamos a drogar
el río dijo
pero sus amigos le pararon el plan
arrastrando las aguas desde atrás
de las rocas
el primero que se moja
que no anteponga
y el técnico de la falopa
y los amigos y los ruidos periféricos la costa
donde tres
tipos acomodan
el bote de goma
éste es mi objetivo
repitió
la cordinadora:
la dársena seca
pero no tan seca si debajo
de las manos de los empleados que sudan
por el sol
se elevan
de tarde laburamos
dijo así
aunque creo no haber entendido todo lo que oí
y la gente?
que carga la goma la mira?
o será el rocoso?

pero no responden
la mitad calla
o miraron a la izquierda?
o
nos vieron?
o no pasaba nada porque nos
tapaban las defensas de la costa rojiza?
extendida…?
y la cordinadora se metió en su loker
y nos fuimos más que confundidos
al ardor del mediodía
con el alma partida.

 

 

 

 

Leonor Olmos 

 leonor.jpg


no ahí poema

no ahí poema no es el modo
………….poema, no es vena eso
………….es carne eso es río
………….– el porcentaje , la
………….calidad : no cortada
………….no a solas no hallarte
………….ardiendo poema en un
………….pabellón como n/ n
………….entre espamos y jeringas :
………….y darte agua y vomitar,
………….y entre enfermos
………….anudarnos vena & nervio,
………….y entre enfermos
………….anudarnos ojo & mano-
………….no poema, es el modo es
………….el modo la jeringa,
……….. abrir la carne – el loto – corregir:
………….no caer sobre el
………….el charquito,
……………………..no dormir en el
charquito : limpiar la gasa
las baldosas
…………las pupilas
……………..– es jeringa poema,
……….es inútil –

 

 

 

medicarse un poco, descansar

– levantar la tripa hasta el ombligo, cortar la tripa cortar la
angustia de raíz – medicarse un poco, descansar , extender la tripa
extender el ojo, sajar los dientes y la lengua en un mismo acto
archivar los dientes y la lengua en un mismo acto : enumerar
líneas – vínculos & cuerpos : tachar líneas -vínculos & cuerpos :
medicarse correctamente el día 1 y 15 del mes medicarse
incorrectamente el día 20 y 21 del mes: el ojo extiende su mano a
la tripa , descansa – habla del miedo – medicarse un poco, no
morir : tachar la tripa, tachar el ojo –

 

 tanta boca descosida

tanta boca descosida tanto gusano descosido tanta sangre
descosida y el agua sobre los pies y la hierba sobre los pies –
actualizar ese estado y bootear ese estado hasta el punto 0 hasta el
punto boca : inicio , génesis : un booteo sobre la llama – tanto
rito tanto wagner , un apocalipsis now ! – un efecto secundario
una secuencia entre los ojos : no correr entre los campos con la
muerte entre los dientes : es decir , volar entre los campos o tanta
boca descosida

 

2

un poema se despierta y no es noche / un poema se despierta y no alcanza a colgarse del aire y no alcanza sino a un cuerpo;

luego todo es + fácil,

acurrucarse en la hierba húmeda, golpear las manos hasta ver nacer pequeñas gotas de sangre / en las paredes las manchas tienen vida, el sol tiene vida / hay crisis – escenas con mujeres en la nieve, ahogadas con ofrendas, inútilmente cayendo desde lo alto /

poemas cayendo desde lo alto/ enlaces que conectan europa del este con una terminal abandonada en un galpón de este país tercermundista –made in china / made in taiwan made in mi corazón abriéndose /

a pedacitos los recuerdos – confluyen – en mis ojos

—— loguear un avatar – la flor del loto electrónica / en las manos el poema fluorescente mientras lloro / llorar y caer es lo mismo / soñar y caer es lo mismo / loguear un cuerpo vacío, una sonda vacía, lanzada al espacio en busca de los suyos, un limbo sobre el espacio, un poema sobre el limbo – el avatar caminando sobre la hierba – las luces se apagan sobre los campos /

un cuerpo despierta : un cuerpo despierta sobre una acera, una mañana de sol, las conexiones demoran, las conexiones demoran en un cuerpo abandonado y sucio / las raíces consuelan ese cuerpo, lo toman, lo adormecen, la flor electrónica emerge, un ojo máquina mira

 

3

ya en serio, este poema no acaba antes de ti o de mí – no acaba y no incluye salida de emergencia / las hojas rasgan la piel / o rajan la piel / en una escena dirigida, una toma colapsada por unos dedos adormecidos : no soy yo lanzándome al vacío, sino ascendiendo / sino en el momento exacto en que el cuerpo se divide : se fragmenta : se ilumina detalladamente : se atomiza detalladamente, ese nudo sobre el cuello

ilumina – hunde / toda superficie, todo el viento / todo paisaje celeste / todo humus – tejido, y el poema no acaba aquí / – y el poema continúa su actividad desoladora, y la piel es rajada, escindida / – este era un sueño feliz : una parábola, yo bajando desde las montañas y mi piel colgando sobre mis dedos : el playlist continúa,

el amor persiste incluso – / pista nº 4 / de los cambios de voltaje y sus efectos en nuestros cuerpos, de los cambios de voltaje y sus efectos / sobre las flores

 

 

 

 

 

 

 

 

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