Trabajos de luz sobre el agua / Ernesto González Barnert

NUESTRA MIRADA MÁS DURA
es también una mirada cansada de pelear.
Pero que peleará si hostigas, acorralas
con tu mayoría necia.
Mientras llueve y siento como reman, caminan
pesadamente hombres, niños
de un país a otro.

 

 

EN EL ERIAZO FRENTE A CASA
marca una línea con un palo,
urde un sendero, junta piedritas,
imagina la maleza ardiendo
y concluye que aquí
no puede señorear ningún Dios.
Hace calor, apenas corre viento
y la levedad de su paso
prueba que todo acaba demasiado pronto,
se funde en otra cosa.

 

 

TE HABLO DE DRENAR OSCURIDAD
con más oscuridad.
Una territorialidad no mayor que la de una pieza.
Y un puercoespín hinchado,
el rostro que metamorfoseé
para ganar unos pocos días de defensa.
La resistencia
a una ciudad que te encuentra improductivo
y te puede hacer mierda
en un momento de sueño
o desconcentración.

 

 

A VECES ALGO
como una cabeza de fósforo húmeda
que en tus dedos
raspas inútilmente.
Yo.

 

 

NO SERÁS OTRO
haciendo del hielo una forma bajo el sol.
Un sol de invierno
para los que perdieron fotografías
y juguetes bajo fuego.
Una lagrimita que te secas
con el puño del chaleco
ahora que dispones
un ejército de piedras contra otro
: más oscuras y grandes.

 

 

SOLUS REX
Así es como los fabricantes de problemas de ajedrez
designan la soledad real.
Así es como la vida real derriba piezas negras sobre blanco.
E insisto en ponerlas en su sitio,
partir otra vez desde el principio.
Y estoy harto. Y me siento horriblemente solo.
Un caballo tirando contra un imperio intacto.
Un reino, un reino a medio desmantelar
inflado de marcos vacíos, restos de jugadas erradas
entre feroces avances.
Un pobre reino de pobre hombre
extendiéndose en la penumbra y el descalabro.
Oh soledad real, vaya este botón de muestra:
Necesitaba la oscuridad al final del día.
Quería la oscuridad.
Sólo en ella me permitía a mí mismo
hablar en voz alta.
Pero cerca el alba, será duro.
Así este estilo maduro, a menudo sombrío.
Así me quiebro de pensar en mis frágiles asideros:
un rey, un caballo.
La soledad real sobre un jueguito del que no desistiré
sin bregar todavía más
en la oscuridad y la distancia.

 

 

AL FINAL DE SUS DÍAS DIRÁ SOSEGADO PERO SIN
HELAR:
esto fue lo que pude.
Y pensará seguramente en un erizo
o en que hoy pasa la basura
y tiene que sacarla.
Tal vez se erija a sí mismo como un ejemplo difícil,
soberbio y solitario.
No es ésta la ocasión ni el arte para ser indulgente,
un capullo con el corazón roto.
No me cabe duda que las palabras están hechas
para decirse a sí mismas.
Y que cuando uno canta no se hacen comentarios idiotas.
Pero es la última versión y tengo derecho a creer
que el mundo se viene abajo si no lo hago.
A romper los huevos por una tortilla.
Saltar el muro y largarme.
Sí, esto es lo que pude. Y como el amo de mis palabras
me hago cargo.
Tómenlo, es suyo.
Aunque sólo vean una pisada, otra herradura
en la noche.

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(Hemisferio Derecho Ediciones, 2017)

 

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