Analítica de la crueldad / Gonzalo Aguirre

No es la misma crueldad la que flota
en el palco que entre la plebe, es sabido,
pero el asunto es que tampoco es la misma
donde el cobarde que donde el valiente,
ni la misma la que se destila que la que se
ingiere, ni la que va y la que vuelve son iguales.
Pero por eso mismo cabe distinguir constelaciones,
discriminar rangos, suponer jerarquías en la noche
de la crueldad, porque de continuo las fuerzas
se pliegan sobre sí mismas, emiten chispazos,
puntos de luz que proponen dibujos en lo negro…
El hombre es un animal cruel, sin duda.

Miguel Morey

Crueldad I y I´

Es difícil dar con una definición de crueldad. Crueldad corre, circula. Y entonces, como al pasar: “…la crueldad estará cada vez menos ligada a la representación de algo horrible, solamente será la acción de fuerzas sobre el cuerpo, o la sensación”. Acción de fuerzas sobre el cuerpo. Como al pasar. Será.

Habrá fuerzas y habrá cuerpo. Pero el cuerpo es también una composición de fuerzas. Entonces cabría deslindar de entrada dos tipos de crueldad: una de pura composición de fuerzas, y otra la acción de fuerzas sobre un cuerpo, sobre una composición de fuerzas ya distinguible aunque indiscernible de las demás fuerzas. Ahora bien, esta distinción dura lo que un suspiro, es instantánea: siempre hay composición. Con cuerpo. O con sin.

A esa siempre pura composición de fuerzas, corporice o no, la llamaremos, y sólo estaremos en condiciones de “llamarla” si se corporiza, crueldad I (CI). Inocente fuerza que no limita, que se olvida, que compone más allá de bien y mal. Este tipo de fuerza no hace memoria, más bien ES memoria: cada composición actualiza potencias (de fuerza) sin acabarlas, sin realizarlas nunca.

Crueldad I es la crueldad bien entendida, la que empieza por casa. Pues esa afección de fuerzas sobre fuerzas, esa CI, no pre-existe a lo que es para albergarlo, sino que todo lo que es es cruel, es huesped de CI. La casa es la crueldad del ser. Es aquí donde se juegan las leyes de la hospitalidad. Pues sin esa reflexión anfitrional la acción de las fuerzas, su potencial de acción, su crueldad, habrá de permanecer imperceptible, indetectable. Asi, CI es muy de ser, se presenta a su detección como “la crueldad de lo que es”. Una crueldad de ser pliega o memoriza su propiedad (capacidad) exterior. Esa crueldad, claro, ya no es CI, es más bien la auto-afección (percepción) de CI, su doblez: CI´habilita, como se viene anticipando ya desde mucho antes de comenzar, que pueda hacerse una presentación, una analítica, de crueldad (I).

Y es que no existen distintos tipos de crueldad. Crueldad es siempre su misma variación, su propia diferencia. No hay distintos tipos de acción de las fuerzas. No habría tiempo para ello. Lo único que hay son distintos tipos de actualización y de realizaciones de esas potencias. Así, por ejemplo, no es que la llamada Humanidad occidental separe a las fuerzas de sus composiciones, sino que es ya ella misma producto de esa reactividad, de esa separación. La Humanidad es un medio (un ambiente, un Umwelt) para una reactividad generalizada de las fuerzas que así se presentan, separándose de toda crueldad y habilitando el ejercicio sustituto del juzgar racional sobre lo bueno y lo malo. El Hombre ha olvidado su capacidad de olvido, no recuerda que es un plegamiento, una auto-afección de fuerzas. Mortal. Ese olvido del olvido, sin embargo, no cambia la potencia de las fuerzas que lo componen. Se dirá que toda fuerza es activa aún cuando esté reactivizada. Separada de lo que puede toda fuerza se reúne con la fuerza que puede separarla. Cualquier distinción o tipología de fuerzas que pueda llevarse adelante responde a la condición de que toda crueldad es CI, que todo tipo de crueldad es la misma crueldad que, a su vez, nunca es idéntica a sí misma, por más autoafecciones y desdoblamientos que se produzcan. La Tierra nada tiene que temer de la Geología. Crueldad nada tiene que temer de su Analítica.

CI es pura potencia. De derecho siempre hay esta crueldad. De hecho. Lo mismo da. Ahora bien, como ya se anticipara, para reconocerse precisa un pliegue de sí sobre sí misma. La afirmación (el sí) precisa una afirmación sobre sí (sí sobre sí) para detectarse como tal (como sí-misma). Pero eso no cambia el estatuto de la afirmación. Lo mismo pasa con crueldad. Nunca pierde la potencia que la actualiza de una manera u otra, incluso analíticamente: toda analítica es cruel. ¿Podrá distinguirse el tipo de expresión de CI que implica? Para responder esta pregunta resulta preciso, y esto ya muestra lo envenenado de la misma, seguir adelante con esta analítica. Incorporemos, entonces, las posibilidades de actualización de CI. Una se abordará a la hora de plantear una crueldad V; la otra se tratará en el siguiente apartado.

Como podrá apreciarse, los números de las crueldades distribuyen a crueldad (CI) por si misma. Por lo tanto, si crueldad II da cuenta de la veta catastral de CI, esto no se debe a orden preestablecido alguno. Se trata simplemente de dar cuenta ya de arranque de aquello que nos tara, de aquello que nos está maniatado aquí y ahora, haciendo de la crueldad un tabú, una mala palabra, una actitud sobre la que pesan miles de objeciones. Pues, de varios modos, hay mucha fuerza dedicada a impedir que el pensamiento sea fuerza que vaya sobre otras fuerzas. Existen fuerzas a las cuales les preocupa que pueda pensarse en las fuerzas (en crueldad). A esas fuerzas, a las cuales este trabajo no puede interesarles (y mejor así), está dedicado el siguiente apartado.

Crueldad III

Crueldad III es CII altamente espiritualizada, incluso re-divinizada: Bicho-dios, atomización máxima de CI, juzgación. La fuerza, la potencia ahora es divina y esa divinidad se ha funcionarizado. La deuda privada se ha vuelto pública, original. Bicho-dios, por amor monopólico a sus deudores (de composición), manda un enviado a que retire la deuda. A partir de entonces se suspende la circulación. Ya no hay manera de devolver la deuda, porque ya ni siquiera es nuestra. Nos han despojado de aquello que podíamos devolver. Sería el fin de la crueldad, del tributo, de la deuda. La habrían retirado, no saldado. A Dios lo que era de Dios y también lo que era del César (imaginad la maravilla de los fariseos cuando escucharon la respuesta del Enviado consultado sobre sus obligaciones fiscales, tal como lo cuenta el recaudador Mateo). La deuda, la culpa (Schuld) se ha convertido y resulta inolvidable. Interiorizada, cavidad, resulta inextirpable al infinito. El hombre cristiano se olvida de olvidar pues intenta recordarlo. Se ha producido otro pliegue de crueldad. CII se ha plegado sobre sí misma y se ha auto-limitado, auto-detenido. Estamos en el nacimiento de la mala conciencia, del resentimiento, de la moral moderna. Las costumbres pierden elasticidad. La sangre ya casi no circula y, por lo tanto, es imposible derramarla. Sólo queda el expediente de las guerras. Pero estas guerras devienen crecientemente catastrales, son guerras con objetivos, no como Troya, ese inmenso acto ritual. Esto es el Terror. La vida pacífica catastral es tan cruel que ha suspendido toda crueldad. Pocas vías de escape han quedado a la crueldad: deportes de alto rendimiento, accidentes automovilísticos, gestos adictivos. No hay Estado que no se apoye en ellos, aún luchando contra ellos. El miedo a la muerte se transforma, por amor a ese mismo miedo, en amor a la muerte. Pues el hombre de la mala conciencia ya no tiene idea de las composiciones, de lo que puede un cuerpo. Se ha memorizado tanto a sí mismo, tanta CII ha sido aplicada que ya no le es lícito olvidarse, que ya le es lícito hacer promesas, cumplirlas y autosatisfacerse por su responsabilidad. Es el bicho –moderno, el bicho-persona, el bicho-opinión, el bicho-comentario; el animal tarado a imagen y semejanza de un modelo estático que él mismo ha ido instituyendo por miedo a la crueldad (I). Mejor olvidar ese mismo miedo recordándose a sí mismo como sujeto, como conciencia, mala cavidad. En eso andamos en masa al menos desde que terminó la Edad Media, en enero de 1989.

(…)

22366488_1338995959559185_2231339930770043181_n (1)hekht libros, 2017

 

Reseñación de la “Analítica de la crueldad” de Gonzalo Aguirre

– apuntes inducativos

por Lucas Paolo Vilalta

Al lector: lectura de ver hacer; sentirás lo difícilmente que la voy tendiendo ante ti. Trabajo de formularla; lectura de trabajo: leeras más como un lento venir viniendo que como una llegada.

Macedonio Fernández. Poemas de trabajos de estudios de las estéticas de la siesta.

Dios está muerto – eso lo sabemos desde la invasión europea. Pero los dioses siguen viviendo volcándose en las carnes crudas de los natimuertos y natimatables – la desaparición de los cuerpos no cesa de nos desaparecer. El hombre es un animal cruel, sin duda. El señor Aguirre es un bicho cruel, sin duda.
“Amar a la crueldad como a sí mismo” (p.41). Solo en la crueldad el amor se vuelve posible – ese su valor anti-Narciso. El señor Aguirre es un apasionado, su analítica es una prueba de que el anti-Narciso ya se encuentra entre nosotros, viniendo. La pasión de la crueldad es paradojal: composición de fuerzas de cuerpos sin cuerpo. Es el sacrificio del Cuerpo para que haya hospitalidad de los cuerpos. Pero cocinemos un tantito la cosa para los no crudívoros.
La “Analítica de la Crueldad” es un compuesto de fuerzas. Se inscribe en el linaje nietzscheano de la “Genealogía de la Moral” y de la Geología de la “Gaya Ciencia” actualizadas por la pasión spinozista de una ética de los afectos. Un linaje moribundo – hay que decirlo – repetido hasta en el cansancio por los académicos (un oxímoron!) foucaultianos y deleuzianos. Bueno, lo que hace el señor Aguirre para reavivar ese linaje es recomponerlo por medio del pensamiento genético de Simondon y de la metafísica macedoniana – más allá de la Eterna. “De algún modo, esta Analítica, por y en su exposición, se quiere un lejano eco de la Ética de Spinoza, ese gran museo de la novela de lo eterno” (p. 18). La eternidad fulminante del instante es un soplo de lectura: leer cada uno de los momentos de la Ética como diferenciación de los movimientos de la Genealogía de la Moral. El lector es un bicho cruel, sin dudas.
El movimiento entonces va de: Dios (CI) y la espiritualidad (CI’) a la Moral (CII) [1] a la Ley (CIII) [2] a las Estéticas de la Crueldad (CIV) [3] a la Gran Salud Metafísica de la Crueldad (CV) y la Ética de la Crueldad (CV’). Todo ese movimiento es un enigma y “los enigmas no tiene solución, son la solución. Se trata de cortar con las soluciones a los enigmas, de morder aquello que nos separa de ellos, templos de CV’. Pero no nos animamos a cortar con ellas porque tememos descomponernos en el acto. Hace falta mucha precisión para cortar con ella sin descomponerse” (p. 40).
Es preciso la precisión precisa, y la del señor Aguirre es preciosa. Nos invita a asistir el espectáculo de la Crueldad con la crudeza que lo reactualiza históricamente. La era digital es la que señala las vidas auténticas (“me gusta”) y las inauténticas (policiamento del doble digital). La crueldad de esa Analítica es una perla nascida en el lodo, un anti-Narciso insurgente de un linaje olvidado. La Analítica de la Crueldad es un libro para nadie y justamente por eso es la Ética de nuestro tiempo – una dosis de salud contra la violencia conservadora del Cuerpo Social.

 

 

[1]“es tiempo de un hacer memoria” y “deudas” (p.26).
[2]“la sangre ya casi no circula y, por lo tanto, es imposible derramarla” (p. 29).
[3]“al límite del orden un hombre se corta, se sacrifica para seguir en el orden, para no volverse loco, para seguir teniendo un cuerpo” (p.31) y “De este modo, queda condenada a la repetición infinita de la desinteriorización de la mala conciencia. Siempre necesita al yo del cual quiere liberarse para liberarse/recuperarse. Siempre necesita su soberanía para renunciar por contrato a ella. Todo aquí es legal, incluso el abuso de CIII por sí misma. ¿Hasta qué punto no sería, entonces, cada ciudadano una forma correcta no excesiva, de esta CIV?” (p.35).

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