Enzo Amarillo / Una fiesta sepultada

Y aunque azotes la puerta
y te vayas
con palabras mayúsculas y el orgullo
de un acto glorioso
no conseguís más ruido
que el del propio silencio
que deja un adiós.

 

 

Pude ver la paradoja
de escupir tu religión
en el momento de honrarte.
Festejábamos victorias
que eran de nadie.

 

 

Un verano negro,
el fruto podrido,
los mismos discos que giran
como dando cauce
a los días que siguen
y por más fuerza
y orden que dé
ya no somos parte
de la corriente.

 

 

Todo se desvanece
y me encuentro
obligado a la idea
de sostenerme.

 

 

Bailar en lo oscuro fue
nuestro lecho de muerte.

No es un pecado
si lo que callo
es una fiesta.

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