Cuatro poemas de Iveth Luna Flores

 

 

 

 

Esta noche hablé con mi padre y fue

tan pesado como remover el bulto

que estropeaba la entrada.

 

Esta noche hablé con mi madre y fue

como bajar la escalera interior

de peldaños caídos.

 

Todo cuanto bebes termina por orinar

luminoso.

Todo cuanto eres está descrito

en un análisis.

 

Mi saco es enorme

caben los huesos

de todas las mujeres del sur.

 

El olor a composta

los huesos pulverizados:

todo cuerpo de mujer

es una cáscara de plátano

con la que resbalamos.

 

Mi asco fortalece la náusea

de los hombres del norte.

 

Polvo femenino

que pavimenta las calles

donde crecerán las flores

sin maquillaje.

 

Distante

dolor disperso

un parto en medio del tráfico

no significa nada.

 

Voy a roer tu corazón

y tan pronto como nazca

esa niña

le pondremos senos

y uñas postizas.

 

 

 

 

 

 

 

Claramente visualizo

la guerra maravilla

hombres disecados

ancianas mecedoras

con olor a calle mojada

si preguntas cuál es la inclinación

de ese tentáculo

diré que llevó mucho tiempo

aprender a recoger mi vientre

del estanque vacío

que llené el dispositivo

con todos los virus al alcance

y fui feliz

en la saturación de los órganos

fui la perra más bella

de todas las perras

embarazadas de rabia

así que

toma mi mano si eres asesino

me siento como en casa

con tu pistola en mi boca;

afuera quedan los débiles morales

arrojando plantas a mi patio

se formó un caparazón en su cara

todos dicen que la libertad

es una cadena de comida rápida

otra vez

la importancia de la cerradura

lo insignificante de la llave

amigo

¿me regalas un cuchillo manchado

con hormonas para dormir?

 

 

 

 

 

 

Llené tu bandeja de entrada

espacio   despacio

entrar   caducar

meteoro joven

facetas comprimidas

cuántos de los reactivos

resultarán falsas promesas

cuántos asemejan

fuertes retoños

abortos

de niños que venían de pie

con la frente en alto

y el pene erecto.

 

 

 

 

 

 

 

 

Apoptosis

(Fragmento)

Las estrellas nos miran en calidad de desahuciadas,

allá, en el espacio, las estrellas dicen a sus hijas

que en este planeta hay mujeres que desde hace años luz

estamos muertas,

que brillamos en la memoria de la tierra,

sangramos para dar señales de vida,

no sabemos cifrar el baile de los hombres

que aúllan excitados, chocando sus miembros:

contaminación auditiva que

impide escuchar cuando alguien nos señala

y nos mira como si fuéramos un recuerdo,

la escena petrificada en una pintura rupestre

tallada en la pared

de una cueva a la que prendieron fuego.

 

 

Iveth Luna Flores

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