Hugo Padeletti / Parlamentos del viento

¿NO HAY PAISAJE

en el corazón del verano
que no oprima e imprima
con dura mano?
                               Cruza
del hueso hasta la piel,
enconada y arbórea,
la fisura.

Entreabre terrores,
no esplendor.
                           Segregado
purgatorio de lava
                                     -oh sepultado

paraíso-
cómo dura.

 

 

HAY LARGAS ESTACIONES DEMORADAS

donde todo gravita:
los huesos, la coraza
que cubre el corazón

y el agua en la marmita. La pereza
se apoya en la rutina.
Ni la espina

dinamiza su paso. Nace el rojo
y el ojo ya delata
el reborde marchito. El viento, el mar

acaban donde acaban de empezar.
La memoria, vaciada, no rescata
el olor de la mata ni el sabor

de la tisana. Plana, la mañana
inaugura una noche soberana,
untada de ceniza.

 

 

UNA POBLACIÓN DIFERENTE

desalojada de sus rieles,
se deposita en los dinteles,
desatendida.

No hay desafección más esquiva
de los destinos incipientes
que la distracción persistente

que nos envaina.
Ha pasado un tropel,
una bandada en la mente,

y posas, evadido, en el umbral
de lo ocurrido,
con un trompo en la frente.

 

 

CALCA LA MENTE EL LARGO BORDONEO

del abejorro,
el fuste cenital de la palmera,
las facetas del cuarzo,
el sabor del alumbre, la textura
de la madera.

Calca el fluir de la fuente,
el brillo de la perla,
la furia quebrada del rayo,
el pleno volumen del huevo.

Calca el pulso en la vena,
el dolor en el hueso,
la ola de fuego en el pecho.

Calca la ojeada en el rostro,
la idea en el verbo,
la sospecha en el ojo.

Calca el silencio en su punto,
el tiempo en su punta,
el espacio en su antro
de frío.

Calca su pura existencia,
su insípido, sordo,
ciego, inodoro, intáctil,
lúcido y puro vacío.

 

 

FUGA EN LO RASO

En la más alta de las llanuras aguarda
el agraz, el tímido vuelo,
lejos, a la cima de insólita cresta
que no conocen los caminos.

Hay amentos desparramados en el suelo,
esqueletos de umbelas y racimos;
de las flores que aunaban sus cálices
queda el acorde en las semillas.

A veces la voluta o el arpa,
espiraladas y pulidas,
me traen la nostalgia de una vaina,
de un abrigo en la arena;
pero sus huecos limbos recelan la mortaja,
el hondo resonar de lo ido.

El recuerdo es un gato de agudos dientes
que acecha a los canarios demorados
en la jaula sin puerta
donde hubo abasto.

Queda sólo el hálito, el ímpetu,
de la fuga a la altura
sin más oriente que el vacío.

 

 

CANCELACIÓN

Sí, amigo,
las compuertas están cerradas,
el cemento recubre las semillas.
Hay que bancarse la cancelación del prodigio,
hasta que dure.

Ninguna flor como el manchón de grasa,
ningún perfume como las heces defecadas,
ninguna forma como las latas de sardina
en su geometría tasada.

Hay que doblar en cuarto
el pañuelo del tiempo
y guardarlo, impoluto,
en el bolsillo del olvido.

Todo reverso
tiene su anverso.
Que del acero
coma la polilla.

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