SINTONÍAS: La Yerba Santa / González Rincones- Rincón

 

A Samuel Darío Maldonado
in memorian

 

Caído de cara al suelo junto al barranco
He visto al hombre blanco.

Entre dos rocas morenas junto al barranco
Herido el hombre blanco.

El mar que grita siempre junto al barranco
Aullaba el hombre blanco!

Las olas como perros azules junto al barranco
Muerden al hombre blanco.

Como recién nacido junto al barranco
Parecía el hombre blanco.

En el cielo un zamuro vuela sobre el barranco
Mirando al hombre blanco.

Yo curé sus heridas y luego en el barranco
Me atacó el hombre blanco

Y me robó las perlas… Por qué yo en el barranco
No maté al hombre blanco,

Y lo eché a los perros azules del barranco
Cuyo morder es blanco?

*

El varón blanco está caído sobre la arena — donde el mar cuaja la sal al quedar preso.

El varón blanco está herido — yaciendo entre dos rocas y la espuma tiñe con sangre.

El varón blanco oye al mar que aúlla — como la selva cuando la azota la tempestad.

El varón ha sido mordido por olas — que saltan sobre él como perros.

El varón blanco se ve tan pequeño junto a las rocas — que, como un recién nacido no habla.

Sobre el varón blanco, en el cielo — vuela un zamuro averiguando si tiene los ojos ya muertos.

Al varón blanco sané las heridas con yerba santa y al estar curado me atacó.

Y me robó el collar de perlas que para ti tenía! — Por qué no lo maté cuando yacía sobre la arena.

Y lo eché a las olas que siempre tienen hambre — y muerden a las rocas como perros?

 

*

 

 Hat tit kuaes chi ingué kuyen karayu — Marakoi ingu — Tiji mahuin taimaré.

He tit kuoe kushinuk nuye chikariyon — Kumbai au sikon — Tiji mahuin taimaré.

Ho tot kiaeo kobok ku tunch kiu mosa — Kiu hutn nanda — Tiji mahuin taimaré

He tit pi an matu fash kiu hutn naksom — Nanseuk om —Tiji mahuin taimaré.

Hei tit kiu keunt an mukeu ki es aras — Shambu kamas — Tiji mahuin taimaré.

Ha tit kiu kei chivatsari ingué marundek chi — Kuaes inguatí — Tiji mahuin taimaré.

Hei ki munbuh guaéri mahen kur ismeun —  Fintch nachum — Tiji mahuin taimaré.

 

Ho tit stingui ki gianguri chara mucuchapi — Teu inguati — Tiji mahuin taimaré.

 

Ha tit matu shapu mabutasch kiu hutu nanda — Humbai cgara — Tiji mahuin taimaré.

 

Hemos traducido este poema con la forma que tiene para dar idea de su peculiar métrica, que es la frase «el varón blanco…» al principio de cada verso y al final que he visto con estos ojos que miraran después dentro de la tierra. El profesor Ottius Halz ha hecho notar un punto no resuelto aun satisfactoriamente. Siendo el poema escrito en lengua de los Timotes, tribu que habitaba cerca de la Sierra Nevada de Mérida, cómo es posible que se hable del mar? Fue que en las edades pretéritas el mar llegaba hasta la Sierra Nevada? O se trata de un lago andino? Nos parece que el Tiji mahuin taimaré con que termina cada estrofa y que hemos traducido por he visto el hombre blanco podría significar también he visto cautivo, al hombre blanco en cuyo caso, el canto sería de algun Indio Timote que fue preso por los ribereños del Lago de Maracaibo (Bubures, Pemenos o Kirikires) — o por algún conquistador o Misionero — y estando a orillas del «mar» trabajando en la pesca de perlas, le aconteció lo que relata el canto. Nos contentamos como emitir esta hipótesis lingüística, recordando lo que decía Voltaire de la etimología. Una ciencia en donde las vocales no sirven para nada y las consonantes para mucho menos…

(Nota del T.)

Salustio González Rincones[1]

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Sintonizar (me) con el texto de Salustio González Rincones (San Cristóbal, Venezuela, 1886 – 1933) implica renovar realmente de mi parte mental todas aquellas configuraciones que se van almacenando con el tiempo en torno a lo que es válido o no en un poema. Situación de tensión y liberación que agradezco como lector.

El discurso experimental que maneja el poeta andino venezolano confronta no solo las estructuras y supuestos de la poesía moderna concebida a principios del siglo XX, tomando en cuenta que su libro publicado con el mismo título La yerba santa (Kiu Chibatsa), 1929, resultó ser y sigue siendo para la crítica una rareza, y es comprensible. Un escrito con una atmósfera anímica tan similar y agónica como el barranco que resuena en cada verso, más el contraste ideológico entre la mentalidad occidental y la aborigen, añadiéndose la versión original de la lengua de los Timotes, y luego, finalizando con unos comentarios sobre las posibilidades interpretativas antropo-lingüística que tuvo profesor llamado Ottius Halz, es fácil imaginarse que ahí no hay un poema en potencia sino un conglomerado de discursos ajeno a los «sentimientos»,  a las «vicisitudes de la vida metropolitana» y a los «criterios de la estética europea».

 

Precisamente esta extrañeza de estética-alter que manifiesta la escritura González Rincones para la época y también para actual, resulta en mi caso como lector una particularidad de escritura de frontera, como aquella que no irrumpe en algún movimiento o manifiesto colectivo de respuesta ante valores y expresiones controladas por algún poder cultural, sino que en su singularidad se mantiene al margen, bien sea por el experimento formal, la incorporación de otros «discursos distantes a los poéticos», y sobre todo, por el carácter «provinciano» que constituye un tipo de racionalidad que se rechaza, se niega o se subvalora.

 

En el texto La Yerba Santa, la medicina natural no resultó de provecho para la mente o para el alma del hombre blanco ni para las indagaciones del profesor Halz o el traductor, pero si para la sintonía y el recuerdo inmediato de observar (me) entre los prejuicios y comodidades conceptuales que me repite una vez más que esto es poesía esto no lo es.

 

 

Robert Rincón

[1] Poemas de amor y desengaños (1933); Trece sonetos con estrambote, por Otai Susi (1922); Viejo Jazz (1930); Antología poética Salustio González Rincones (1977).

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